Somos polvo de estrellas

Porque somos polvo cósmico de estrellas que colapsaron en su viaje por el universo.

Historia breve de un encuentro memorable

¿Cuántas veces no nos hemos enamorado de un desconocido en la calle? El metro, el autobús y las salas de espera guardan más historias de amores fugaces e imposibles que una novela, y esta, es una de ellas.

¿Está muerto el periodismo tradicional?

El siglo XXI ha traido consigo un auge del periodismo digital a través de las redes sociales. ¿Puede el impreso sobrevivir a esta generación?

El poder de imaginar

Hace algunos semestres tuve la oportunidad de escribir este texto para una tarea de Taller de Redacción. Considero que es perfecto para la resurrección del blog. ¡Esta vez con imagen renovada!

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red son

Superman, junto al pie de manzana, es uno de los mayores iconos de la cultura norteamericana. Difícil imaginarlo en un contexto diferente, pero aquí, abordaremos este cómic que da que hablar.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Cuando un plato de sopa se convierte en la única esperanza

Nota: Este es un reportaje de investigación que realicé junto a mi compañero de clases Raúl Castillo  para la cátedra de Periodismo II de la Universidad Católica Santa Rosa. Lo escrito aquí, es apenas una pequeña parte de todo un conjunto de historias que integran el drama de la pobreza y el hambre en Venezuela y de la cual quizás me extienda más adelante con una crónica. Mientras tanto, los invito a leer y reflexionar a pocos días de la navidad sobre este tema.


En varias avenidas y mercados de Caracas pueden verse personas que comen de la basura, incluso sin estar en situación de calle. El dirigente político Antonio Ecarri cree urgente abrir canales humanitarios en el país
Un mural pinta la frase “Tu dignidad es valiosa, no renuncies a ella” frente a la iglesia María Auxiliadora de Sarría, justo al lado de la alguna vez polémica torre Confinanzas. Adentro, en un patio abierto donde se asoman vitrales con figuras de santos, incansablemente las señoras Aida, Astrid, Josefina, Antonieta, Ivett y Carmen Edith pican papas y ocumos para la sopa que a fuego lento cocina en una olla inmensa el señor Benedicto.
Alrededor de las 11 de la mañana, una cola comienza a formarse frente a la iglesia, pero los transeúntes saben que no es para comprar ningún producto regulado. Gente de la tercera edad, algunos niños y una madre joven con un coche, forman parte de un grupo diverso, donde varios están bien vestidos, otros con la piel curtida y la ropa desgastada, pero todos esperan pacientes afuera, movidos por una razón en común: La promesa de un plato de sopa que les ayude a saciar el hambre al menos por un día.
Antonieta Díaz, encargada de la Pastoral Social de la Parroquia, dice que aunque hace algunos años se entregaban bolsas de comida, ya no pueden seguir haciéndolo debido a la situación actual del país, así que desde hace 4 meses realizan estos “Sancochos solidarios” cada 15 días con la colaboración de la comunidad y algunos establecimientos que donan todo tipo de alimentos, medicinas, e incluso dinero y ropa para las personas necesitadas que acuden al lugar.
"Una de las experiencias más bonitas es que los que vienen a comer son muy pobres y tienen un corazón grandísimo", dice el Párroco Orlando Gramcko, quien afirma sentirse satisfecho por la labor que realizan, pues al igual que organizaciones como Caracas Mi Convive, Misión Negra Hipólita, alcaldías y otras asociaciones, buscan solución a las personas que no poseen recursos para alimentarse.

Más de 150 ollas en todo el país

Las ollas solidarias, o comunitarias, forman parte del trabajo hecho por Cáritas Venezuela en 300 parroquias de todo el país, quienes de la mano de la Conferencia Episcopal Venezolana, empresas privadas y cooperación internacional, otorgan las ollas y aportes económicos a Cáritas Parroquial. Junto a su voluntariado en las iglesias de cada comunidad, organizan  jornadas de alimentación que benefician alrededor de 14.600 personas, para un aproximado de más de 150 ollas comunitarias en toda Venezuela, informó María Leonor Sánchez, encargada de visibilidad y medios de comunicación de Cáritas Venezuela.
Estos proyectos se realizan enmarcados en la celebración del Año de la Misericordia, concluido el 20 de noviembre en el Vaticano por el Papa Francisco, y en el llamado realizado por el Arzobispo de Caracas, Cardenal Jorge Urosa Savino, a que los sacerdotes permanezcan en las barriadas populares para colaborar y ayudar a los más necesitados para que “no haya nadie que muera por desnutrición o pase hambre”.
El Párroco Gramcko así lo cumple desde el momento en que se enteró de la existencia del proyecto, aunque admite que solo fue una coincidencia que tocara en el Año de la Misericordia, pues el principal motivo para su realización es la gran cantidad de personas que se aprecian en las calles comiendo de la basura. Afirma que atienden cerca de 150 personas por jornada, de las cuales aproximadamente 20, son niños que en su mayoría viven en la calle, pero también reciben a aquellos ciudadanos que no les alcanza el dinero para comprar comida, caso que dice se ha incrementado recientemente. 

"Hoy en Venezuela la desnutrición dejó de ser un problema de salud pública" - Marilyn Di Luca, Presidenta del INN (2012)

Un problema que crece

La situación no siempre lució tan crítica para el país. En junio de 2013, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), reconoció a Venezuela por sus políticas de erradicación del hambre. En aquella oportunidad, la presidenta del Instituto Nacional de Nutrición, Marilyn Di Luca, recibió con bombos y platillos la noticia junto a otros personajes del gobierno, y anunció que para entonces, el índice de muerte por desnutrición había disminuido en 80% y que casi el 100% de la población tenía acceso a sus 3 comidas diarias.
  La FAO volvió a reconocer a Venezuela en 2015. Sin embargo, la situación del país ya era completamente diferente. La Encuesta Condiciones de Vida realizada en ese momento por la UCV, USB y UCAB, reveló que ya para ese año el 87% de los venezolanos no contaba con ingresos suficientes para abastecer su hogar, y cerca del 12,1% comía sólo 2 veces al día.
En la actualidad, no hay cifras oficiales que permitan sondear el hambre en el país, pero basta un simple vistazo a las calles para corroborar que en zonas como Sabana Grande o Quinta Crespo, al problema de la basura se le suma en cada esquina la vista de grupos que por las tardes se aglomeran en las afueras de los restaurantes. Comerciantes de la panadería “La Tonia” en el bulevar de Pérez Bonalde, reportan que todos los días personas esperan a que saquen las bolsas de basura para llevárselas, así que optan por separar los residuos comestibles. También cuentan que niños de alrededor de 12 años suelen venir a pedir comida a la barra, por lo que les dan algún pan o producto sobrante.
En la cola de la iglesia María Auxiliadora, son muchas las historias de gente cuya dieta gira en torno a los basureros. Yolimar apenas tiene 18 años, y con su bebé de 9 meses en brazos, reconoce ya varias veces haber comido de los desechos. Trabaja junto a su marido vendiendo tarjetas en las camionetas, y lo poco que gana se le va rápido en mantener a su hija. Tiene un mes asistiendo a la olla solidaria y aunque recibía antes ayuda de la Fundación del Niño, esta se ha vuelto cada vez menos constante por lo que teme que para 2017 su situación pueda empeorar.
A su lado, un sujeto de la fila que prefirió permanecer en el anonimato, contó que después de estudiar gastronomía y trabajar varios años como chef de cocina, se ha visto también en la necesidad de comer de la basura. Vive en Caricuao bajo un techo donde trabaja descargando mercancía. “¿Sabes cuántos sacos de sal tenemos que cargar para ganarnos 3000bs?  Una gandola. ¿Y qué haces tú con 3000bs?”, se cuestiona entre gritos.

Hambre sin distinción de clases 


Un fenómeno en el que tanto comerciantes como voluntarios coinciden, es que cada vez se aprecian más ciudadanos que sin estar en situación de calle, se las ven complicadas para conseguir alimentos.
Cuando el padre Gramcko pregunta en el comedor quiénes vienen por primera vez, el señor Osvaldo es uno de los muchos que levanta la mano. Bien vestido y callado, no aparenta tener la necesidad de recurrir a la caridad ajena, pero a sus 69 años, la pensión no le alcanza para cubrir sus gastos y pagar el alquiler hace que no cuente con dinero suficiente para hacer un mercado decente. Jamás ha comido de la basura por un tema de higiene, pero confiesa que en varias oportunidades le ha provocado. “Tenía mucho tiempo sin comer sopa, es algo imposible de hacer para mí y toda mi familia pues resulta una inversión muy grande” comenta emocionado tras el almuerzo mientras busca al padre para agradecerle su acción y manifiesta su interés por colaborar en próximas oportunidades.
Para el presidente de la fundación Arturo Uslar Pietri y de la Casa del Lápiz, Antonio Ecarri, el hambre ya toca a la clase media popular venezolana, y hasta a la clase media-media. Asegura que el origen del problema está en el modelo económico del gobierno, que según él, el Plan de la Patria acabó con la producción nacional.
“Aquí hay casos severos de violaciones a los derechos humanos” denuncia el también abogado y educador, lo que puede certificarse al revisar la Declaración Universal de los Derechos Humanos, donde se establece en su Artículo 25 que: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios (…)”.
El Estado venezolano defiende su capacidad de proteger a los sectores más vulnerables de la sociedad a través de sus emblemáticos programas sociales, conocidos popularmente como misiones. Desde la Misión Negra Hipólita, dependiente del Ministerio del Poder Popular para las Comunas, la realidad parece ser otra. La directora de la oficina de atención al ciudadano, Mery Vielma, reivindica las acciones realizadas en atención integral a personas en situación de calle durante los 10 años que tiene la misión, pues asevera que en los abordajes hechos en diversas plazas y áreas del centro de Caracas, pudieron comprobar que al menos un 80% de las personas afectadas presentaban algún tipo de adicción al alcohol o drogas ilícitas, por lo que el programa se reformuló para hacer énfasis en la rehabilitación y capacitación socio-productiva de los individuos para su reinserción. Es por ello que para Vielma, esto "no es un problema de pobreza, sino más bien cultural".

El Dato: 
La encuesta "Hambre y pobreza en Venezuela" realizada por la empresa Ratio UCAB en noviembre de este año, arrojó que 8% de los venezolanos come de la basura y un 4% pide limosna para alimentarse. Esto lo señalaron los académicos Luis Pedro España y Ángel Oropeza durante el programa radial de César Miguel Rondón, además de resaltar que el gasto familiar en mercados se incrementó un 52% en el 2016.

Luchar por la integridad

Las soluciones no escapan de los políticos, y por ello, el tema está planteado en la mesa de diálogo establecida entre el gobierno y la oposición. Así lo confirmó Ecarri, quien asegura que integrantes de la UNASUR y del partido Acción Democrática se ha comprometido en plantear en dicha instancia de diálogo un documento que propone como solución convertir a toda la red de escuelas públicas oficiales del país en comedores escolares y en la apertura, a través de Cáritas Internacional, de ayuda humanitaria propuesta por países como Brasil, España y otros integrantes de la Unión Europea.
El político considera necesario aprobar este plan, pues según estudios realizados por la Fundación Arturo Uslar Pietri, 9 millones de niños se encuentran en riesgo de malnutrición o desnutrición, lo que supone una amenaza para la integridad física y neurológica de los niños, así como un  peligro para su capacidad de aprendizaje y por ende, para el futuro de Venezuela, insiste.
La Ley Orgánica para la Protección del Niño, Niña y Adolescente (LOPNNA) establece en su Artículo 32 sobre el Derecho a la Integridad Personal, que: “Todos los niños y adolescentes tienen derecho a la integridad personal. Este derecho comprende la integridad física, psíquica y moral”.
A pesar de no contar con ayuda gubernamental desde hace 1 año, el padre Gramcko y las voluntarias, que con alegría y humildad trabajan como una familia para ayudar a los más necesitados, seguirán haciendo esfuerzos en la lucha por la integridad de esas personas. Para el próximo año esperan, con mucha más colaboración de todos los venezolanos, realizar las ollas semanalmente y con la unión de al menos 7 clínicas, poder efectuar mensualmente chequeos médicos y hasta operaciones para quien lo amerite.
“De la conducta de cada uno depende el destino de todos”, postula Alejandro Magno. Estos ciudadanos, con su esfuerzo, no sólo demuestran que la solución a la crisis está en cada uno de los venezolanos, sino que en tiempos difíciles, un plato de sopa y un pedazo de pan pueden tener para algunos, un sabor de esperanza. 

Ecarri considera que se debe sustituir el Plan de la Patria por un
modelo económico basado en el libre mercado.

jueves, 8 de diciembre de 2016

¿Está muerto el periodismo tradicional?


             Hace 25 años, si se preguntaba a cualquier persona cuál era el principal medio de  comunicación masiva existente, fácilmente la respuesta habría alternado entre cualquiera de los 3 gigantes informativos de la época: La prensa escrita, la radio y la televisión.
            Hoy en día el panorama parece ser completamente diferente. Vivimos en un mundo donde los medios digitales se han impuesto, brindando un sinnúmero de nuevas herramientas con las cuales las generaciones pasadas no habrían tan siquiera imaginado. Bajo este contexto, surge el periodismo digital, que no es más que un avance evolutivo dentro de la comunicación. Como lo definiera Luis Barrera Linares: “Un ángel que viaja a la velocidad de la luz”, por la capacidad que tienen estos medios de transmitir información en tiempo real mientras que los tradicionales todavía dependen de largos procesos creativos que hacen a sus contenidos obsoletos en un mundo donde aún no se termina de digerir una noticia, cuando ya queda en el pasado.
            Esto hace fácil suponer que el fin de los medios tradicionales es más que inminente, especialmente para la prensa escrita, que ya antes había perdido la carrera de la inmediatez frente a sus pares audiovisuales; incluso hay expertos que ya les ponen fecha de defunción para 2020 –los más optimistas, para 2043-. Es entonces en esta lucha entre lo nuevo y lo viejo que se plantea el debate sobre si vale la pena continuar con aquel arte olvidado de la palabra mecanografiada, o lanzarse de lleno a ese novedoso y cambiante mundo de las redes cibernéticas.
            Si bien es cierto que el periodismo digital está basado fundamentalmente en los conceptos y principios básicos empleados por sus antecesores, éste se diferencia en cuanto al estilo y estructura pues, mientras los medios impresos mantienen sus formatos convencionales asociados a la diagramación, con textos extensos y restricciones de espacio a un cierto número de columnas y caracteres; la redacción web va más allá de las limitaciones físicas del papel, al permitir una mayor cantidad de recursos como imágenes, vídeos, infografías, o enlaces a páginas de interés, aunque esto muchas veces signifique sacrificar la complejidad con que se escribe en función de usar un lenguaje amigable con el público y favorecer más lo visual. Al final, “una imagen dice más que mil palabras”.

Cada uno a su  manera

            A su favor, el internet cuenta con la ventaja de la mencionada inmediatez informativa. Permite conectar lugares remotos que antes parecían tan lejanos y hacer que un vídeo gracioso publicado en Japón, en menos de una hora sea tendencia en EE.UU, o que una campaña de ayuda a los refugiados sirios dé la vuelta al globo en todos los idiomas con tan sólo presionar el ratón.
En el plano periodístico,  aplicaciones como Periscope, que sirven para realizar transmisiones en vivo, sirvieron para capturar los casos de abusos policiales que dieron origen al movimiento Black lives matter, y registraron muchos de los disturbios derivados de éstos; también en las protestas que sacudieron a Venezuela en 2014, las redes sociales jugaron un papel fundamental, en especial Twitter, que fue clave ante la autocensura de los medios convencionales.
Bien empleados, los medios digitales y las redes sociales pueden convertirse en verdaderos instrumentos para la democratización de la información, pues no pasan por los rigurosos controles de una línea editorial. Sin tantas restricciones y con la participación activa de los usuarios que pueden reportar directamente lo que ocurre en sus comunidades, se ejerce el periodismo ciudadano en su máxima expresión. No obstante, así como la libertad es una ventaja, también puede considerarse un problema dado el excesivo flujo informativo que muchas veces satura internet de noticias basura. Otro problema gravísimo son las páginas dedicadas a publicar informaciones falsas, tergiversadas o rumores, las cuales terminan colando en la opinión pública debido a la poca capacidad que tiene el individuo moderno de analizar e investigar las fuentes, en parte consecuencia de la misma saturación de contenidos a la que se expone y la fugacidad de su vida útil en el espacio público.
Por su parte, los medios tradicionales cuentan con la experiencia de los años para mantener su posición de respeto y fiabilidad dentro de la población, pues a diferencia del internet, las noticias que se publican en los periódicos usualmente se encuentran ya confirmadas por equipos de periodistas que pueden probar –con algunas excepciones- su veracidad. Esto convierte a los periódicos en fuentes confiables de información y les da un nuevo papel en la actualidad, pues una vez pasada la conmoción de los eventos, sirven para recopilar todos los datos clave de lo ocurrido y dar un reporte completo de los hechos que permite interpretarlos con mayor detenimiento.
Así, mientras en las plataformas digitales se mueve todo el flujo informativo, el medio impreso se encarga de recoger, desglosar, sintetizar y contextualizar apropiadamente su contenido para llegar a todos los sectores de la población, especialmente aquellos con poco acceso a internet.

El periodismo no está muerto

            Muy al contrario de lo que dicen los expertos, la profesora Sonia Blanco de la Universidad de Málaga asegura que muy dudosamente los medios de comunicación tradicionales desaparezcan, pero necesitarán afrontar un drástico proceso de reconversión para poder adaptarse a los nuevos tiempos. En las últimas dos décadas, se ha visto cómo los grandes medios se renovaron al sacar sus versiones web: la mayoría de los periódicos como  The New York Times, El Nacional, Últimas Noticias o El Universal,  ahora emplean herramientas digitales para mantenerse en la lucha por la exclusiva e informar con rapidez, pero siempre guardando para su versión en papel, la extensión de la noticia explicada con todos sus pormenores, y en el caso de los canales audiovisuales como CNN, la BBC, Globovisión cuentan con portales digitales donde no solo se puede consultar su programación, sino que muestran de forma escrita las noticias.
            En el ámbito local, hemos tenido una suerte de ensayo sobre esta renovación de los medios. Con la crisis del papel, muchos periódicos se han visto obligados a migrar forzosamente al medio digital. La censura ha hecho surgir canales de Youtube y servicios de streaming, como es el caso de VivoPlay y más recientemente, Capitolio TV, los cuales no tendrían cabida por su línea en una televisión venezolana cada vez más amordazada. Incluso páginas nacidas totalmente en el seno de la web han tomado la bandera del periodismo en estos tiempos difíciles, y sin estar escritos en tinta, mantienen el mismo espíritu de investigación, redacción y demás características de sus predecesores.
                 Aunque parece que en este siglo XXI la tecnología haya ganado en todos los espacios de la vida diaria, no hay que relegar el rol del periodismo tradicional a la hora de informar. Se debe asumir que, como ha ocurrido a lo largo de la historia, los medios se transforman y se adaptan a las nuevas circunstancias, adoptan las distintas herramientas que el tiempo le proporcione. Así fue con la llegada del telégrafo hace más de 100 años, igual con la radio, la televisión o los teléfonos celulares; cada uno contribuye  enormemente en ampliar los horizontes de la comunicación y ayuda a millones de periodistas a lo largo de generaciones a ejercer su labor. Es entonces el internet, con su fenómeno del periodismo digital, un eslabón más en la cadena de la evolución comunicacional, con sus ventajas y defectos, un instrumento de invaluable utilidad si se sabe usar con responsabilidad, por lo que de esta contienda no hay ganador, sino más bien una invitación a encontrar el punto de convergencia donde ambos puedan coexistir y que el auge de uno no necesariamente deba representar la extinción del otro.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Héctor Torres: "La buena escritura es melodía"


El fundador del portal web Ficción Breve Venezolana y reconocido autor de varios libros, ha sabido aprovechar la tecnología para llevar la literatura latinoamericana a la era digital. Su vida se ha basado fundamentalmente en la escritura, la cual considera un trabajo de más constancia que talento                   
        Al ingresar a la Librería Lugar Común de Altamira, una brisa de frescura invade los sentidos sin venir necesariamente del aire acondicionado. Montones de libros se apilan en las estanterías blancas de este sitio de arquitectura moderna, explayándose en géneros tan variopintos que van desde libros de artes y fotografía hasta rarezas de segunda mano. Al fondo, una barra sirve cócteles y café a los visitantes, que sentados en las mesas adyacentes a la vitrina principal, pueden elegir entre leer o contemplar la vista de la plaza Francia de Altamira con su típica congestión vehicular.
         Gente de todos los tipos pasea entre estantes ojeando los ejemplares mientras las chicas del local van de aquí a allá revisando el inventario o acomodando libros. De fondo, suena una música suave de guitarra que se hace envolvente y se mezcla con las charlas casuales y las risas. En todo el ambiente se respira un aire que huele a espíritu joven.
         Al caer la tarde entra a la tienda un personaje bastante peculiar. Ingresa con ese cómodo anonimato que brinda la profesión del escritor en un país donde el hábito de la lectura no está tan inculcado. Se detiene a saludar a cada dependienta y conversar con ellas con la familiaridad de quien acaba de llegar a su casa. El espacio es bastante reducido, pero no consigue problemas para sentarse en el sofá azul de un rincón, entre una lámpara de metal dorado y una estantería de libros de urbanismo, donde prosigue con total informalidad, como si se tratase de un viejo conocido.
         A simple vista, Héctor Torres no aparenta sus 48 años de edad por la onda juvenil que emana de él con su camisa de The Beatles, su bolso cruzado y la argolla que cuelga de su oreja izquierda; pero le delatan las canas de su cabello y las arrugas que tras sus lentes rodean sus ojos de mirada tranquila, en sintonía con su forma de hablar pausada y de palabras arrastradas.
         Para él, toda su vida ha sido un universo que ha girado en torno al oficio narrativo. La califica como desordenada y azarosa por todas las vueltas que ha dado. De estudiar informática en el ISUM, terminó ejerciendo un periodismo de forma coyuntural al escribir semblanzas para la revista Clímax y vivir de la escritura con una formación literaria meramente lectora. Jamás consideró estudiar ni Periodismo ni Letras. Ve arte en lo cotidiano y afirma que la gente no dice ni el 10% de lo que es por dentro, por lo que sus crónicas más que lo insólito, buscan la función humana que hay más allá de todo.
         Tiene una particular visión de Dios y del universo, tentada por algunas visiones del budismo aunque no sea practicante, donde lo  más importante es el aprender y servir. El paso del tiempo lo ha ido volviendo más introvertido y cada vez duda más sobre todo y cada vez le interesa menos imponer su opinión. Poco le importa lo que se pueda decir de él, ya que sólo trata de hacer su trabajo con toda la honestidad del mundo.

Entre la montaña y la escritura

         Ya desde joven, consideraba su vida desordenada. No fue un buen estudiante pues no se le daban materias como la matemática, aunque ya entonces se inclinaba más por el castellano y sociales. Siempre fue un poco introspectivo y amante de estar solo y caminar, por lo que no echa de menos la vida de rumbas que caracterizó a muchos jóvenes de finales de los 80s. Vivió desde los veintitantos hasta casi los 30 en La Victoria, por lo que creció al margen de la movida caraqueña y más bien pasó su adolescencia subiendo cerros con su hermano mayor, habiendo subido con él el Pico Naiguatá con sólo 8 años y el Humboldt a sus 14.
         De esos años de montañismo e introspección adquirió los valores de la constancia y perseverancia que ha caracterizado su labor profesional. Aplicó sus conocimientos en informática para crear un portal sobre literatura aragüeña cuando la única página dedicada a ese tipo de temática en toda Latinoamérica era Letralia. Lo dice con total modestia, con naturalidad a pesar de lo significativo de esa, para entonces, innovadora idea.
         De estas actividades literarias, pudo conocer a su actual esposa, Lennis Rojas, con quien dirigió Ficción Breve y creó diversos premios y concursos como el Premio de la Crítica. Ya había estado casado durante su estancia en La Victoria, con la madre de su primer hijo con quien tuvo una relación buena, aunque diferente. “Ella era de otro universo”. Con Lennis sí comparte el mismo universo de intereses y afinidades, pues han trabajado juntos desde que se conocen. Gozan de una gran comunicación y afecto, y no duda al momento de decir que es como su alma gemela.
         La naturaleza de su oficio le ha dado una gran facilidad para atender los asuntos del hogar y mantenerlos en equilibrio al laborar por su cuenta desde casa. Para él, su vida es un todo de familia, trabajo y crecimientos particulares de 24 horas.

La literatura tatuada en la piel

         Lleva en cada brazo tatuado los libros que han sido más significativos para él. Primero se tatuó en el derecho la efigie de un bisonte que representa a su primera novela, La huella del Bisonte, la cual recuerda como una de sus mejores experiencias como escritor por las giras de presentación con la editorial Norma y la sensación de ver su obra en las librerías. En el izquierdo, lleva impregnada la portada de su libro Caracas Muerde, la figura de un perro masticando su propia cola. El tatuaje se lo hizo la mismísima artista que pintó el ahora inexistente mural que inspiró dicha portada, como un regalo por el libro. No descarta hacerse más en el futuro y que probablemente también representen a algún libro.
         Afirma que la competencia es un alimento para la literatura, pues mientras más gente escriba, más motivaciones se tienen para dar lo mejor de sí. Y la versatilidad también parece ser de vital importancia para la actividad, pues ha incursionado en todos los géneros narrativos: Cuentos, novelas y más recientemente, el guion, el cual ha empleado para escribir diversos cortometrajes, así como ha trabajado junto a Luis Alberto Lamata y Lucas García en la adaptación de Caracas Muerde para un largometraje.

¿Alguna vez le han rechazado su trabajo de alguna editorial?

- Sí, cosa que agradezco muchísimo. Por ejemplo, mi editor actual, Ulises Milla, es conmigo implacable. Con Objetos no declarados, en 2 ocasiones me devolvió el manuscrito con observaciones. Esos libros han sido mejores gracias a mi editor y esa relación es fundamental. Yo no soy de esos que dice “A mí nadie me toca una coma” pues creo que el editor hace un trabajo importante y si tu respetas a tu editor, como debe ser, debes entender que es un trabajo entre dos.

        Torres reconoce que deja el pellejo en cada trabajo, llegándolo a revisar hasta 7 y 10 veces para entregar el mejor libro posible, y esa pasión de dejar todo de sí en su obra coincide con su visión acerca de la estrecha relación que hay entre el autor y sus personajes. “Todo lo que se escribe es autobiográfico”.

¿Cree que siempre hay algo de bohemio en el escritor?

- No lo sé. Yo no creo que en mi caso sea nada bohemio, pues trabajo muchísimo. Tengo quizás la contemplación,  quizás eso de ser un outsider y salirse del centro del foco, pero hay mucha gente a la que le gusta la farándula. Entonces no sé, está muy ligado a eso, pero si algo agradezco a mi generación es que trabaja mucho, esa cosa de otras épocas que con un libro se bastaban y se pasaban la vida echándose palos ya en mi generación no tiene relación con la bohemia. Uno a los amigos más bien los ve poco porque cada quién está en lo suyo trabajando.

         Como alguien del medio editorial, una de las experiencias más significativas de su carrera fue visitar la Feria del libro de Frankfurt donde pudo constatar que el nicho del escritor es minúsculo y con alta competencia, por lo que se empeña en apoyar los espacios para las nuevas generaciones ya que la literatura es una tradición, aunque está claro de las dificultades que muchos jóvenes de ahora afrontan en el país con el tema de las publicaciones.

La música como algo vital

         Como muchos escritores, halla su inspiración en las actividades simples como caminar, leer o pensar; pero también en la música, que ejerce una gran influencia sobre su actividad literaria “La buena escritura es melodía, es ritmo”.
         Relaciona ampliamente la música con las letras, pues según él, todos los géneros que se mueven en el tiempo como el cine y la literatura responden a una melodía que hay que atender para que la historia no resulte aburrida, “Si no tiene ritmo, el lector sufre”.
         Para escribir se inspira según el momento, pues cree que hay música para cada ánimo y cada proyecto. Así pues, para Caracas Muerde escuchó bastante a la banda The Eels, mientras que su otro libro, Objetos no declarados, fue corregido bajo la influencia de Gorillaz. Hay canciones que se le pegan y siempre debe escuchar cuando corrige para poder transmitir el ritmo al texto.
         La música es vital tanto en su concepción del texto como en su vida. Toca guitarra de forma amateur en casa y entre sus favoritos personales destacan Oliver Everett así como Sufjan Stevens, aunque también reconoce la influencia poderosa de grandes como Paul McCartney y Pink Floyd. Además de ellos, siempre anda en busca de nuevos sonidos en cualquier rincón para ver lo que tienen que decirle.
         Como la música, algo parecido ocurre al momento de saber los libros que más han marcado su vida. Horacio Quiroga y Jorge Luis Borges fueron autores que dejaron una huella importante durante su adolescencia, afirma inclinándose un poco en el sofá, así como en otros lo ha marcado Giovanni Papini o libros particulares que algún momento le han dicho mucho. No tiene autores de cabecera porque sus héroes van cambiando con el tiempo.
         Siguiendo otras formas de narración, declara ser un ecléctico en lo correspondiente al cine. Sin inclinarse por directores o tendencias estéticas específicas, prefiere las buenas historias y por eso incluye obras tan heterogéneas como Pulp Fiction, Boyhood o la saga de Batman de Christopher Nolan. “Mientras menos dogmas tenga mejor, yo disfruto todo”.

La ciudad muerde

         A pesar de haberse dado a conocer por un libro de crónicas sobre la vida en la ciudad, su relación con Caracas es la misma que la de cualquier persona. No es de darse golpes en el pecho y decir “Mi bella Caracas”, pero sí guarda un gran afecto por los sitios donde ocurrieron hechos relevantes de su vida.
         Cuando rememora lo vivido en cada esquina, la ciudad toma para él un nuevo significado. “Hay momentos de tu vida que son muy tuyos y que pertenecen a tu historia y están muy relacionados con lugares de la ciudad”.
         Dentro de los sitios que guardan recuerdos, le da una mención especial a las librerías como lugares de encuentro entre amigos donde se puede leer y charlar. “Tienen una cosa mágica”. Sin embargo teme la pérdida de éstas y lamenta con pesar el cierre de la librería Templo Interno, donde iba siempre a conversar con el dueño o simplemente a no hacer nada cuando se encontraba cansado. Un gesto de despecho se asoma en la comisura de su boca al narrar este episodio.

         Resalta la necesidad de más espacios públicos como librerías, plazas y parques donde no haya que ir necesariamente a gastar dinero. Desde su humilde trinchera trata de promover el uso de esos espacios para la escritura dictando talleres, donde concurren jóvenes y adultos a los que trata de la misma manera relajada pero activa de contenidos. Siempre con su mirada tranquila y la melodía de la guitarra que suena de fondo dándole ritmo a sus palabras.


A Torres le gusta escribir géneros difíciles como las semblanzas, porque cree que si uno se acostumbra a hacer lo que ya sabe, no hay ningún aprendizaje.

lunes, 31 de octubre de 2016

El festín de la carne


La oscuridad cubría la noche como el velo en la cara de una viuda mientras el eco lejano de un lobo solitario aullaba melancólicamente su canción a la luna. La neblina danzaba entre los árboles desnudos como un ente traslúcido y etéreo que desfiguraba sus formas en oscuras siluetas, y entre las sombras, él caminaba con la calma aparente de quien conoce bien su camino. El frío le condensaba el aliento y obligaba a levantarse el cuello de la chaqueta mientras las hojas secas crujían bajo sus pies al compás de un andar pausado. Su mirada, era la mirada inquieta de alguien que mira siempre de reojo a sus espaldas y se posaba cada tanto en el trecho recorrido tras de sí. Nadie le seguía. Esta noche sería tan perfecta como todas las anteriores.
  Ella llevaba ya más tiempo esperando del que seguramente habría podido soportar bajo normales condiciones. Plantada como una estatua, veía a través de la ventana panorámica de la cabaña mientras la luz de la noche le iluminaba el rostro y las velas que se dispersaban a lo largo del salón le impregnaban un tenue brillo naranja a su curvilínea figura. Con una mano sostenía lo que quedaba de su cigarrillo, y con la otra, dibujaba sobre el polvo todas las oscuras maquinaciones que su mente pervertida planeaba cometer esa noche. Se mordía los labios con una sonrisa traviesa y su pierna derecha se balanceaba intranquilamente sobre la izquierda en un inconfundible gesto de desesperación. Ya no podía esperar más.
De pronto, la puerta se abre tras ella haciéndola levantar por la inercia. Debió suponer que entraría por la parte de atrás. Siempre le ha gustado hacer sus entradas por sorpresa. Cuando  menos se lo espera, aparece silencioso como un ninja listo para atacar. “Este maldito” dijo ella para sus adentros mientras se recuperaba del vuelco que dio su corazón por el susto. O al menos de eso quería creer que se trataba la extraña sensación sobre su pecho.
- ¡Cariño, estoy en casa! – anunciaba él mientras pasaba con una sonrisa burlona y lanzaba su chaqueta sobre un taburete cercano.
- Métete el “cariño” por el culo, idiota- le respondía ella avanzando hacia él y devolviéndole  la misma sonrisa- Llegaste tarde otra vez…
- Sé que odias repulsivamente la impuntualidad, querida, por eso me he tomado todo el tiempo del mundo en venir, además, debía verificar cada tanto que nadie estuviese cerca y me viera.
- Tú siempre tan precavido… Si fuera por ti, serías capaz de regresarte a borrar tus pisadas en la tierra para que nadie sepa que alguna vez exististe - Decía tranquilamente ella mientras volvía a sentarse en su silla- ¿Trajiste algo bueno?
- En efecto que sí, sino créeme que no habría tenido ninguna gracia el venir hasta esta cabaña perdida en el ojete del bosque- mintió él, sonriente, sentándose frente a ella y tomando una copa de vino sobre la mesa.
- Excelente- un brillo malicioso se encendía en su mirada.
- A fin de cuentas, nunca está de más consentirnos de vez en cuando, ¿no?
- ¿Y bueno? ¿Qué estamos esperando? Vamos de una vez al tema.
- Tranquila querida, la paciencia es una virtud de la que sin duda careces. Tenemos tiempo de sobra, y dado que es una ocasión especial, pensaba que antes podríamos disfrutar de la velada. - respondió él agitando el líquido de su copa en contraluz con las velas. Mantenían la conversación sin mirarse directamente a la cara, no necesitaban ya ver sus expresiones para entenderse mientras hablaban.
- En verdad no esperaba que fueras a ponerte romántico de pronto, sabes que el motivo principal de este encuentro es otro…
- Pues me parece que estás bastante radiante esta noche. Demasiado para alguien que no le importa nada más que el motivo de nuestro encuentro- respondió él mientras veía por el reflejo de su copa, ahora vacía, el contorno de sus piernas. Eran esbeltas y firmes, como esculpidas en el mármol de algún maestro renacentista, el esfuerzo de su cruce al nivel del muslo tensaba la delicada tela de su vestido carmesí de tal modo que se apreciaba lo ajustado pero sin rayar en lo vulgar, por el contrario, le concedía a ese par de piernas una elegancia como la de un manto que reposa sobre una estatua recién hecha.
- Sólo trato de verme bonita para nuestro invitado- dijo ella sonriendo mientras escondía sus piernas bajo la mesa.
            Él esbozó la sombra de una mueca que suavemente marcaba la comisura de su boca, sólo para luego reírse de sí mismo en lo parecía ser un chiste para sus adentros. Tomó la botella y llenó nuevamente su copa para luego alzarla en señal de brindis, exclamando:
- ¡Pues a su salud!
- Mientras le quede…- susurró ella tratando de contener una risilla. El brillo malicioso acentuaba en su mirada los destellos de todas las imágenes que se imaginaba.
           

            La cena había terminado, pero sus apetitos apenas comenzaban a despertar como fieras hambrientas. Las velas a medias iluminaban sobre la mesa los restos de comida y  botellas vacías mientras sobre el sofá del living, conversaban despreocupadamente sobre las trivialidades de cualquier charla. El espacio estaba decorado de una forma sobria y elegante, con una chimenea de piedra que parecía inútil ante la cantidad absurda de velas que ella había colocado sobre los muebles de diseñador. Seguía balanceando sus piernas inquietamente mientras que él apenas se aflojaba la corbata que hasta ahora había colgado inmaculadamente de su cuello como la soga de un ahorcado.
- Juro que si no te conociera, pensaría que estas algo ansiosa- comentaba él al percatarse del movimiento de su compañera.
- Esto es aburrido- decía ella con un dejo de fastidio- Las velas, el vino, esta charla sin sentido… Sabes que esto no es lo mío.
- Nada te costaba probar algo diferente para variar.
- Mira quien lo dice, el amo y señor de los metódicos.
- Pienso que el hecho de planificar y organizarlo todo antes de proceder es lo esencial para que la experiencia se disfrute al límite sin imprevistos, y eso no me hace un rutinario, sólo alguien precavido.
- Es lo mismo. Yo opino que la experiencia se disfruta mejor cuando te dejas llevar y simplemente haces lo que tu instinto te diga, sin planes ni nada… Sólo la espontaneidad del momento.
            Entonces, con un felino movimiento, giró para posarse sobre el regazo de él, las piernas abiertas capturaban su cintura mientras los brazos rodeaban su cuello con una milimétrica distancia entre cara y cara. Lo miró directamente a los ojos mordiendo su labio inferior tras un suspiro donde sintió que se le escapa el alma. Su respiración se había acelerado con la intensidad del movimiento, pero no pareció recibir la misma respuesta por parte de su compañero, quien impávido la contemplaba. Ella aceptó su derrota bajando la mirada y levantando los hombros. La sensualidad de su boca desaparecía para abrir paso a una mueca de auto burla. Esta batalla la ganaba él. Había sido una jugada demasiado predecible.
- No creo haber conocido a alguien tan impulsiva y desastrosa en todos los años que llevo haciendo esto- dijo él
- Ese es tu problema- respondió ella reincorporándose en su asiento con el entrecejo fruncido-  lo ves como un trabajo, algo previamente calculado con un fin específico…
- ¿Y qué es entonces?
- Pues, es algo mucho más íntimo… ¿Realmente nunca has sentido esa conexión espiritual cada vez que lo hacemos?
- La verdad- dijo él tomando un mechón de su compañera y deshilándolo cabello por cabello entre sus dedos-  Esa conexión de la que hablas, quizás haya podido sentirla en la privacidad, cuando el baile se hace de dos… Pero en casos como éste, donde habremos tres, hay como una distancia que mantener y hace que no sea lo mismo.
- Comprendo. Aun así, nuestros encuentros no se supone que sean para conectar, sino únicamente para satisfacer los bajos instintos de nuestra carne.
- ¿Y por qué preguntaste si la sentía entonces? Es una contradicción total.
- Mejor olvídalo- suspiró ella nuevamente, viendo hacia otro lado- A veces eres insoportable...
- ¿Sí, verdad? – Dijo él sonriendo- bueno, parece que ya son las más de las doce. Podemos comenzar.
            Ya algunas de las velas se habían consumido por completo apagándose sobre los restos endurecidos de su propia cera.



Despertó con un dolor de cabeza y una resequedad en la boca que le apestaban a resaca. Las paredes color rojo de la habitación le lastimaban la vista y aunque las lámparas estaban graduadas de manera suave, aun eran capaces de encandilarle. No podía recordar nada de la noche anterior, sólo haber salido como siempre a la taberna de la esquina después de una larga jornada en la construcción. Unas cuantas cervezas y unas lindas meseras era lo único que pedía antes de volver a la casa con la vieja ladilla de su mujer y aquellos carajitos tan ruidosos que su sola presencia bastaba ya para sacarlo de quicio.
Era un bebedor empedernido y de largo kilometraje por lo que se le hacía extraño que una ronda de birras ordinaria hubiera sido capaz de dejarlo fuera de combate. Todo era tan raro, y esas condenadas paredes rojas seguían chillando en sus pupilas fotofóbicas. Recordaba haber hecho lo mismo de siempre: hablar con sus amigos de la barra sobre las novedades del trabajo y el partido del día anterior con sus respectivos debates de altura sobre el desempeño de cualquier jugador o sus predicciones para el campeonato; contar chistes soeces y piropear aun peor a cuanta mujer pasara en el rango de su detector de cazador promiscuo y el vallenato de fondo que le recordaba los bailes de su juventud cuando la vida parecía sonreírle más amablemente y sus responsabilidades se veían más lejanas de sus actuales cuarentas. Trataba de centrar la vista en el techo, aunque su mirada permanecía tan nublada que no podía distinguir si esa figura acostada con los brazos y piernas extendidos era un reflejo de sí mismo en un gran panel de espejos.
Ahora  podía recordar aquella pareja que había conocido durante su borrachera. Bien vestidos, con aires sifrinos, definitivamente no encajaban nada con el perfil común de aquella taguara. Él se le antojaba como un pretencioso amanerado que inmediatamente le cayó como la patada; con sus modales excesivamente refinados para alguien del siglo XXI y su vocabulario rebuscado, como si todo él destilara un aire a superioridad imposible de no querer golpear. En cambio ella, era un bombón de esos que sólo podía ver en los calendarios. Una chica fuera de liga. Ambos se le habían acercado como quien no quiere la cosa, con frases simples para romper el hielo, y sin saber cómo, terminaron pronto entablando conversación. Insistieron en invitarle la ronda de bebidas, whisky 18 años de una marca tan específica que el propio cantinero se sorprendió de escuchar pues ni recordaba tenerla en sus reservas. Definitivamente esta gente era adinerada.
 Cuando ya los tragos comenzaban a subírsele a la cabeza, sin más demoras, los dos extraños decidieron manifestarle el motivo de este inusual contacto. Para su gusto, fue ella quien tomó la iniciativa con una coquetería que resultaba sencillamente encantadora. Al parecer, eran un par de amantes en busca de diversión y nuevas experiencias para complacer sus morbos fetichistas, y lo que le proponían, sin adornos ni rodeos, era invitarlo a participar en un trío. Sinceramente no fue una decisión que haya meditado con la cabeza fría, y no necesariamente por el exceso de alcohol en sus neuronas; aquel monumento de mujer que lo miraba ansiosa despertaba en él los sentimientos más primitivos y pasionales, capaces de descontrolar hasta al más cándido. Tan sólo pensar en pasar sus manos por ese cuerpo divino lo ponía nervioso y si para acceder a ella tenía que compartir cama con aquel insulso intento de aristócrata, pues aceptaría con gusto con tal de pasar la noche de su vida y poder contar al día siguiente lo que ni el mismo se creería de no ser por su suerte. No le dio muchas vueltas a su cabeza cegada por la lujuria, a fin de cuentas, no es secreto que la ciudad está llena de parejas de ricachones sexualmente voraces que fuera de la luz pública practican toda clase de sodomías para evitar el aburrimiento, y no le molestaba en lo absoluto ayudar a cumplir las fantasías de aquella diosa con aroma a Channel.
El rojo de la habitación ya no le impactaba tanto, pero la sensación de mareo le hizo querer llevarse la mano a la frente, una fuerte tensión se lo impidió casi al mismo tiempo en que recuperó la total claridad de su visión. Sus pupilas se contrajeron ante lo que vio en el espejo del techo y un grito fuerte le desgarró las cuerdas vocales como jamás lo había hecho en su miserable vida.

-       Vaya, vaya, ¡Pero miren quién despertó! – exclamó el aristócrata insulso que había sin fallo calculado el momento exacto en que su invitado despertaría y ya se encontraba bajando las escaleras cuando intuyó que debían estar resonando gritos de ayuda dentro de la habitación especial a prueba de sonidos.
-    ¡Maldito infeliz! ¿Qué me estás haciendo? ¿Por qué me tienes aquí amarrado?
Se encontraba sobre una mesa negra de plástico que se asemejaba a las tablas de cocina para cortar carnes, completamente desnudo, amarrado con correas de cuero a sus esquinas por cada una de sus extremidades. Sudaba como un puerco que estaba a punto de ir al matadero, y frente suyo, él no hacía más que contemplarlo en silencio con sus ojos calmos y una mueca de lado que asemejaba una sonrisa. Sobre su ropa fina llevaba una bata y un par de bolsas cubrían sus mocasines lustrados dándole la apariencia de un cirujano. Llevaba en su mano un morral que colocó en una mesa pegada de la pared. Lentamente fue sacando toda clase de cuchillos de todos los tipos y tamaños, ganchos y un hasta un par de martillos que hasta se tomaba la molestia de levantar para que su invitado los contemplara mientras se retorcía en infructuosos forcejeos para librarse con toda clase de gritos e improperios. Tarareaba incluso acomodando sus instrumentos en la mesa, cuando otro grito completamente diferente lo sorprendió proveniente de la puerta.
-         - ¿Pero qué es todo esto?- exclamó ella llevándose las manos a la boca con una expresión de horror en su rostro - ¿Qué piensas hacerle a este hombre? ¡Monstruo desalmado!
El invitado cautivo se calló de pronto y una confusión enorme reinó en sus ojos implorantes, por su parte, él sólo se limitó a arquear la ceja.
-       - Pero que pésima actriz eres, ¿Lo sabes? – finalmente dijo volviendo a su trabajo
-       - Y tú un aburrido.
-    - Ni siquiera nuestro invitado se lo creyó. Si querías darle al menos un mínimo de esperanza, mejor habría sido que pusieras unas sirenas de policía de fondo.
-      - Quizás, nunca está de más jugar con la comida de vez en cuando- respondió con un tono de travesura infantil.
-        - ¡Qué clase de enfermos son ustedes! ¡Yo no les he hecho nada! – gritaba nuevamente desde su tabla de cortes el trozo de carne que esta noche cenarían sus anfitriones más perversos que pervertidos.
Él se ajustó los guantes quirúrgicos que ya traía puestos, y se colocó el tapabocas. Todo el suelo de la habitación estaba recubierto de plástico de embalaje.
-       -Pero que ridículo te ves disfrazado así, ¿Lo sabes?- dijo ella jocosamente tratando de imitar la voz de su compañero.
-       -Lo sé, y por lo que veo, nuevamente harás esto sin ninguna protección y dejarás tu ADN regado en la escena del crimen.
-     -No menos regado de lo que quedará nuestro invitado, como el de la última vez… Es necesario para conectarse que haya contacto de piel con piel, sentir cada textura y calor con mis propias manos sin ninguna barrera- Dijo ella mientras se abrazaba a sí misma balanceándose sobre sus pies.
-   - ¿Nuevamente hablando de eso? No sabía que te habías vuelto tan espiritual… ¿Quieres el cuchillo de sierra o el carnicero?
-      - Creo que hoy probaré ese nuevo cuchillo francés que acabas de comprar, después de todo es una ocasión especial.
Sonrió él por primera vez en toda la noche con sinceridad y agradeciendo estar de espaldas a ella. Sacó un cuchillo largo de acero brillante y hoja de 17cm que le entregó con elegancia de modo que ella lo tomara por la empuñadura.
-   - Muchas gracias caballero, ¿Gusta bailar? – dijo ella tendiéndole la mano que no portaba el arma de su delirio.
-   - Generalmente no es la dama quien invita, pero será un placer hacer con usted la excepción – respondió él siguiéndole el juego y tomando su mano, avanzaron hacia la mesa como si de verdad se dirigieran al centro de la pista.
-     - No, no, no, no, no… ¡Por favor, Dios! ¡No! – gritaba la víctima ya con la voz quebrada y el terror reflejado en la mirada.
-    - Dios no fue invitado a este baile, pero te aseguro que esta noche cenarás con el diablo – canturreó ella aún tomada de la mano de su pareja mientras deslizaba el frío dorso del metal por la piel erizada de su presa.
Se situaron cada uno de un lado de la mesa. Su invitado hasta ahora había tratado de guardar la calma hasta donde la situación lo permitía, esperando que todo fuese una broma y en cualquier momento apareciera la cámara escondida, pero ahora estaba seguro de que era jodidamente real y, sacudiéndose, luchaba contra las correas que lo sujetaban tan en vano como lo era ya luchar contra su destino.
-      - Tranquilo, querido… Sólo déjate llevar- Intentó consolarlo ella mientras acariciaba su cabello y recorría su rostro con la punta del cuchillo. Un hijo rojo de sangre dejaba su estela por el mismo camino.
Decidió que lo mejor era quedarse quieto estando ese cuchillo tan cerca de su cuello. Internamente rezaba sin emitir ni una sola palabra, simplemente la seguía con la mirada como podía, conteniendo la respiración cuando sentía el filo pasar por alguna zona crítica. Ella se manejaba como una niña dibujando con creyones, meneando la cabeza mientras iba dejando marcas en su piel sin ningún patrón en específico. Igual le daba cortar abdomen o muslos, el pecho o los brazos, de forma completamente aleatoria rasguñaba como escrutando en la cara de su lienzo la sorpresa sobre dónde seguiría a continuación. Él ya había terminado de acomodar sus juguetes sobre la mesa en el estricto orden en que los iba a utilizar: una pinza con varias agujas, un cuchillo jamonero pequeño, otro más grande, ganchos y un látigo, y para cerrar con broche de oro, un gigantesco cuchillo de carnicero. En una esquina había dejado la sierra quirúrgica por si la carne resultaba más dura de lo anticipado y fuera necesario, a fin de cuentas, siempre fue un tipo preparado.
-   Ya me aburrí- se levantó ella de pronto haciendo un puchero
-   ¿Tan pronto? Apenas estamos comenzando…- comentó él sorprendido
-   No me malentiendas, aun no termino con este chico malo- atajó a responder mientras con su mano palpaba todos los diversos cortes de variada profundidad que había hecho- Sólo subiré un momento por un trago, ¿Te parece?
-  De acuerdo, es mi turno de jugar entonces- dijo él tomando la charola con la pinza y las agujas.
-   ¿Quieres que te traiga algo?
- No en horas de trabajo- Dijo poniéndose una suerte de antiparras con lupas que más que cirujano, le daban ya aires de científico loco.
- Ese es tu problema – puso ella cara de indignada- Para ti esto es como un trabajo, le quitas lo divertido.
Salió de la habitación y de reojo lo único que alcanzó a ver de ella fueron sus tacones subiendo la escalera para finalmente desaparecer. Él suspiró profundamente. “Lo que arde muy rápido, muy rápido termina por consumirse” pensó mientras colocaba la bandeja al lado de su presa, que temblaba sabiendo que estaba solo con ese psicópata – como si la otra no lo fuera más-.
- Oh, amigo… La vas a pasar muy mal- pensó él al descifrar los pensamientos por su cara.
  Cuando ella retornó, estaba ligeramente sonrojada y daba algunos traspiés, pero aún era plenamente consciente de todo como para decirse borracha. Traía consigo una botella de vino casi completa, aunque cabe destacar que no era la primera. Al entrar, lo vio más concentrado que nunca insertando la aguja en el hombro de su víctima que gritaba como si no hubiera mañana. A diferencia de la apucultura, el objetivo de éstas era infringir el mayor dolor posible tocando los nervios clave. La víctima gemía y su respiración era acelerada Una mezcla de sudor frío y sangre bañaba su cuerpo al igual que la pinza ya utilizada que aun escurría sobre la bandeja.
-         -  Veo que ya le arrancaste todas las uñas…
-         -  Fue más rápido y sencillo de lo que pensé. No lo disfruté tanto.
Era sorprendente su nivel de concentración. A pesar de los gritos desgarradores de su presa, él permanecía inmutable sin el menor sobresalto, enfocado en dar con el nervio exacto capaz de hacerlo gritar con más fuerza.
-         -  Ven acá – dijo ella tomando el cuchillo jamonero y una de las manos de su presa- Cuando la única forma de sentir placer es a través del dolor lento y prolongado, tienes el problema de que tienes que saborear todos los matices para sentirte a gusto. Y cuando eso no ocurre… Este cerdito se fue al mercado…
Cortó su dedo meñique.
-         -  Cuando no llena tus expectativas, sencillamente no lo disfrutas. Demasiado trabajo para nada. Si no es lo suficientemente lento para ti, no sirve y desgraciadamente no todos tienen tanto aguante. Este cerdito compró la carne…
Cortó su dedo anular.
-          - En cambio, hay un encanto peculiar en la brevedad. Nuestra propia existencia lo es si la comparas con el universo o las eras geológicas, y aun así nos empeñamos en hacer tanto en tan poco tiempo. Este cerdito la llevó a casa…
Cortó su dedo medio.
-         -  Los momentos son efímeros, sólo pasan una vez y tienes que sentirlos con toda su intensidad. No puedes ser todo el tiempo tan gris, siempre desglosando la vida en vez de vivirla como un todo. Este cerdito la cocinó…
Cortó su dedo índice.
Llevaba tiempo que había dejado de clavar agujas en sus nervios. La miraba fijamente con duro semblante. Hizo el gesto de querer hablar para pronunciar su nombre pero ella lo frenó en seco.
-         -  No me interrumpas. Crees que puedes tener todo calculado con premeditación, controlar todas las variables, y no es así. La naturaleza es impredecible, nunca sabes dónde será el próximo terremoto por más instrumentos con los que los midas, sólo ocurren y ya… El universo parece tener patrones, pero en realidad está hecho de caos puro, de entropía… Y así somos los seres humanos, máquinas de hacer lo que nos venga en gana sin motivos… Y el más pequeñito de todos, ¡Todita, todita se la comió!
Clavó el cuchillo de lleno en el muslo de su cerdito y se levantó. Con lo que quedaba de la botella bañó a la presa entera haciendo que el alcohol del vino entrara por cada cortada que había hecho. Lo hizo gritar tan fuerte que incluso se habría escuchado con las paredes revestidas.
-         - Increíble como aun eres capaz de sorprenderme- indicó él quitándose las antiparras- Bueno, parece que no era un tipo tan duro como pensaba, ya se desmayó.
Cuando despertó, sintió nuevamente un profundo mareo y dolor de cabeza, sólo que ya sabía que no se trataba de una resaca. Él sin dudas había hecho un trabajo impecable con los ganchos al colgarlo de la pared de brazos y piernas. Es sorprendente la elasticidad de la piel en condiciones así, capaz de sostener el peso completo del cuerpo en suspensión.
-       -  Malditos sean… Espero que se pudran en lo más profundo del infierno- apenas emitía un hilo de voz quebrada y ronca de tanto gritar.
Ella tenía el látigo en la mano y toda la intención de utilizarlo. Hizo chasquear el aire de un latigazo con una risa macabra al verlo sobresaltarse con el ruido. Era su instrumento favorito, desde aquellos días en los que sólo fantaseaba en su cabeza con reproducir todo lo que había visto en la película de Saló. Un latigazo, un grito. Otro latigazo, y otro, y otro, y otro. Cada zarpazo desgarraba la carne y un hilo de sangre la salpicó de largo a largo en su rostro. Ella mantenía su sonrisa y jadeaba más de placer que de cansancio. Estaba ligeramente despeinada ya y su mirada era de loca homicida. Él estaba recostado de la pared fumando, contemplándola fijamente y arqueaba la ceja cada vez que ella se giraba a verlo.
-        -  Pareces como regañado- dijo ella en un momento con un tono entrecortado
-         - Es que me quedé pensando en lo que dijiste
-          -¿Y qué es lo que piensas?
-          -Que pienso en demasiadas mierdas.
-          -No lo pongo duda. Le das muchas vueltas a las cosas.
-          -No es eso. ¿Por qué es necesario tener siempre una profundidad filosófica para todo? Sí, sé que soy un metódico, un rutinario, que no muevo un pie sin haber planeado el siguiente paso, ¿Pero crees que pienso mucho en eso? Simplemente soy así y ya… Tú en cambio aún dentro del azar dejas patrones y reflexionas mucho para alguien que actúa desde la impulsividad.
-          -No hagamos de esto una terapia de pareja, cariño…
-          -No me interrumpas- estalló de pronto. Había avanzado hacia ella bruscamente y de un solo movimiento le quitó el látigo de la mano. Eso ella no se lo esperaba.
-       -   Siempre es lo mismo. Una y otra vez – Había extendido el látigo viéndola y en reflejo, ella sacó el cuchillo en posición de defensa.
-        -  Tienes que planear tu vida. Estudia, gradúate, cásate, ten hijos y vive tu retiro como anciano enfermo y amargado hasta que te mueras a los ochenta de un paro cardíaco sin haber hecho nada con tu vida- comenzó a azotar con fuerza a su presa.- Claro que ser un espíritu libre está sobrevalorado, sobre todo cuando te haces esclavo de tus propios impulsos… ¿Crees que hiciste algo con tu vida por hacer todo lo que te vino en gana? Pues no. Necesitas experiencias extremas para poder sentirte viva y satisfacerte de que tu existencia ha dado un giro inesperado. Sin la emoción, probablemente morirías de aburrimiento, pues crees que todo es una caja de sorpresas. El mundo no trabaja así, te presiona, te quiebra y te convierte en un maldito sociópata que estalla por la frustración de no ser libre porque para ellos, la libertad es aquella que les vendieron en la televisión del hippie tocando guitarra frente a la hoguera… Entonces es cuando buscas la libertad en estos arrebatos de locura, o peor, terminas alienado por el sistema y pensando que la libertad está en ser un ebrio mujeriego como este pobre infeliz.
Lo había azotado tan duro que la carne se levantaba y casi parecía desollado en vida. Nuevamente estaba desmayado.
-              - No tiene nada de coherencia lo que dices – Dijo ella viéndolo con una cara de confusión total.
-             - Lo sé – dijo de pronto recuperando la compostura y peinándose con una sonrisa en el rostro- perdí por un momento los cabales.
-          -Estás muy loco- sonrió ella negando con la cabeza
-          -Y tú muy cuerda
          Ella aceptó con una reverencia su cumplido, y cuchillo en mano, se abalanzó sobre su presa asestándole varias y repetidas puñaladas que lo despertaron de facto. La sangre comenzó a salpicar las paredes y a escurrirse sobre el plástico del suelo. La presa abrió bastante los ojos y trató nuevamente de gritar, pero quedó ahogado por los borbotones de líquido que se le acumulaban en la garganta. Al terminar, ella estaba tan bañada de sangre como su presa y volteándose hacia su pareja, le tendió el cuchillo que éste tomó gustoso y empuñándolo, abrió de un solo tajo el cuerpo agonizante y le arrebató el último suspiro de vida al introducir su mano en el interior, y tras romper el esternón y cortar la aorta con destreza, sacó su corazón que apenas acababa de dar su último latido.
Se lo entregó como quien entrega flores en la primera cita, y ella encantada, lo arrojó al suelo y comenzó a pisotearlo con sus tacones punta de aguja. Él jamás la había visto tan hermosa, detalló sus piernas esbeltas, su vestido rojo donde la tela se confundía con la sangre, su piel blanca y tersa por donde corrían las gotas salpicadas, su cabello rubio platinado vuelto un completo desastre encantador. Vio fascinado su cuello largo y sus clavículas marcadas; los rasgos finos de su rostro con el rímel corrido y el rojo de sus labios carnosos, el rojo de la sangre que la cubría y el rojo de su mirada asesina mientras jugaba con el corazón de su víctima.           
Ella acabó nuevamente jadeando, con la adrenalina corriéndole a tope, haciéndola sentir más viva que nunca. Un calor interno la invadió, las piernas le temblaban, y vio a aquel sujeto parado frente a ella que la examinaba con la mirada. Su mirada era intensa, en gran parte ayudada por sus cejas espesas y el azul glacial de sus ojos. Su cabello negro como un misterio nuevamente estaba inmaculadamente peinado y en su mandíbula cuadrada, veía con atención una boca que buscaba a la suya.
No necesitaron ponerse de acuerdo para saber lo que querían. Como dos animales se lanzaron uno sobre el otro y se besaron con una pasión que calentaba la habitación y derretía las barreras entre ellos. Él comenzó a desvestirse de la bata y los guantes, de todas esas capas de ropa que cubrían la desnudez de su verdadero ser. Ella se despojó del vestido, pero permanecía más roja que nunca.
Sus alientos se aceleraron y sus pupilas se dilataron mientras él la arrojaba sobre la mesa y con sus manos, recorría su anatomía perfecta sin necesidad de cuchillos. Sus senos firmes recibían especial atención mientras su boca se deslizaba lentamente hacia abajo y su lengua probaba el elixir de esa mezcla de sudor y sangre. Lento, como él sabía hacerlo.
Ella gemía complacida, con sus uñas arañaba su espalda y con su boca mordía su cuello como si quisiera arrancárselo. Sus muslos temblaban y se movía con una gracia salvaje y desenfrenada. Gritaba, rugía y lo miraba directo a los ojos, tomando los despojos del corazón destrozado en el suelo y embadurnando con él su pecho de hielo que ardía en ese momento. Lo apretaba contra la mesa y saltaba sobre él con una furia que lo hacía poner las más cómicas muecas de placer. Rápido, como ella sabía hacerlo.
Terminaron exhaustos, acostados sobre la mesa abrazados como un solo cuerpo, con la botella de vino vacía en el suelo junto a los restos de corazón, tripas y sangre. Habían extasiado sus sentidos con los placeres de la carne, y ahora descansaban sabiendo que en unas horas, saldría el sol, y los amantes sangrientos volverían a las rutinas de sus vidas, a sus trabajos estables y su familia, su casa llena de comodidades. No volverían a hablar sobre lo ocurrido tras las paredes de esa cabaña hasta el año siguiente.
-          - Feliz aniversario, cariño. Te amo – dijo él besando con ternura su frente
  -Feliz aniversario, mi vida. Yo te amo más. – respondió ella acurrucándose más en él,  quedando plácidamente dormida.