Somos polvo de estrellas

Porque somos polvo cósmico de estrellas que colapsaron en su viaje por el universo.

Historia breve de un encuentro memorable

¿Cuántas veces no nos hemos enamorado de un desconocido en la calle? El metro, el autobús y las salas de espera guardan más historias de amores fugaces e imposibles que una novela, y esta, es una de ellas.

¿Está muerto el periodismo tradicional?

El siglo XXI ha traido consigo un auge del periodismo digital a través de las redes sociales. ¿Puede el impreso sobrevivir a esta generación?

El poder de imaginar

Hace algunos semestres tuve la oportunidad de escribir este texto para una tarea de Taller de Redacción. Considero que es perfecto para la resurrección del blog. ¡Esta vez con imagen renovada!

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red son

Superman, junto al pie de manzana, es uno de los mayores iconos de la cultura norteamericana. Difícil imaginarlo en un contexto diferente, pero aquí, abordaremos este cómic que da que hablar.

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jueves, 21 de marzo de 2019

Cinco días en las sombras

Foto cortesía Efecto Cocuyo


La noche se hizo eterna. La negrura espesa me llama, me envuelve. Solo los hijos de la oscuridad saben cuánto brilla una llama de esperanza.

Pero el negro reina, el calor sofoca y el frío da tembladera.

Blackout total...

Cuida tu nevera, toca cacerola. Revienta esa mierda. Acuérdate de Nicolás y toda su ascendencia. Hasta para los ateos existe el infierno.

Me dejo tragar por las sombras. Engullen mi carne, me arropan. Estoy cansado de tanto dormir y apenas son las once. Cuento los segundos para alba, y no hacer nada.

Caigo en el abismo. Me consumo como esta vela. La negrura densa me llama, se vuelve sólida. Me enceguece. Quiero gritar, pero hasta mi voz se ha ido.

Ciego, sordo, mudo...

Cuenta historias de fantasmas, prende una hoguera. En la sala toman café la ánimas y en la escalera hay un infinito de estrellas.

Pasan las horas. Solo los hijos de la oscuridad saben cuánto pesan los pecados de sus padres. Se enchufan a una frecuencia muerta.

Blackout total...

La noche se hizo eterna. ¿Por cuánto tiempo?
La negrura densa me llama... Y le respondo.
48 72 96 100 horas no son suficientes.

domingo, 4 de marzo de 2018

Una clase de historia: 5 presidentes venezolanos que murieron en el cargo


Existen acontecimientos que marcan un antes y después en la historia de las naciones. La muerte de un presidente es, sin dudas, un hecho que conmociona a la sociedad debido a que tendemos a colocar en un pedestal a nuestros líderes, olvidando que una parte de la esencia humana es su mortalidad, (Aunque a veces, ni ellos parecen pensarlo).
Que un gobernante fallezca durante su mandato es algo más normal de lo que se cree, sobretodo cuando permanecen por mucho tiempo en el poder. Esto se ve comúnmente en sistemas monárquicos con reyes vitalicios, donde cada tanto se realizaban pomposas ceremonias fúnebres para despedir al regente muerto y coronar a su heredero. Mismo caso es el de la antigua Unión Soviética, donde irónicamente, se daba el mismo procedimiento con los grandes cabezas de la Revolución Comunista, como ocurrió con Lenin, Stalin, Brézhnev, Andrópov y Chermenko.
En Estados Unidos, han vivido esa experiencia ya ocho veces, de las cuales la mitad fueron magnicidios. Aún así, bien sea por ser el último o el más impactante, la opinión pública siempre suele centrarse en el asesinato de Jhon F. Kennedy, ocurrido en 1963, al punto que muchos norteamericanos recuerdan perfectamente lo que hacían al momento de escuchar la noticia, hace ya 55 años.
Puedo aventurarme a decir que todos recordamos lo que hacíamos aquella tarde del 5 de marzo del 2013. A nadie le tomó desprevenido la muerte del presidente Hugo Chávez, quien ya venía padeciendo un cáncer terminal desde hacía meses. Sin embargo, las imágenes de la Capilla Ardiente en la Academia Militar y las largas filas de dolientes quedaron en la memoria de muchos, sin importar su ideología, pues Venezuela no es un país acostumbrado a la muerte (al menos no lo era antes), y constituyó un suceso que no se veía desde hacía varias generaciones.
A pesar de esto, ya antes habían ocurrido eventos similares, por lo que es conveniente desempolvar los libros de historia y repasar a otros 5 presidentes venezolanos que también murieron durante su gestión:

 Manuel Ezequiel Bruzual: El soldado olvidado

Es curioso que el primer presidente en morir en el cargo, sea uno de los más desconocidos por todos. Es que tampoco juega a su favor el haber estado al frente de la nación tan sólo unos pocos meses. Manuel Ezequiel Bruzual (1830-1868) fue uno de esos interesantes jefes militares opacados por los grandes caudillos. En su historial, tiene el haber luchado en la Guerra Federal del bando de los liberales, donde se ganó el apodo de el soldado sin miedo por estar siempre en el centro del campo de batalla. Con la victoria de los federalistas, fungió como Ministro de Guerra y Marina, y luego, como Jefe del Estado Mayor del Ejército durante la presidencia de Juan Crisóstomo Falcón.
En 1867, explota la Revolución Azul, dirigida por José Tadeo Monagas, por lo que Falcón renuncia el 25 de abril del '68, dejando a cargo a Bruzual para contener la enorme avalancha que se le venía encima. Resistió por tres meses, pero Caracas cayó el 28 de junio y Bruzual debió huir con menos de 300 hombres a Puerto Cabello.
Aquí hay un punto controversial: Si bien es cierto que a partir de ese momento, podía considerársele como un mandatario derrocado por el triunfo de Monagas y los azules, considero personalmente que Bruzual merece estar en esta lista y ser reconocido como el primer presidente muerto en el cargo de nuestra historia, porque aún sitiado en Puerto Cabello, se declaró todavía en el ejercicio de sus funciones y coordinó un intento para retomar la capital que no llegó a darse. 
Como Leónidas, sus 300 hombres no fueron suficientes. Resultó gravemente herido durante un combate el 12 de agosto de 1868, muriendo exiliado en Curazao dos días después.
Falcón, tan caballeroso, mandó a enterrarlo en la ciudad de Willemstand, sin ningún honor militar, en una fosa sin nombre. No sería hasta 1873 que Antonio Guzmán Blanco repatriaría sus restos al Panteón Nacional. Hoy, aunque hay municipios y pueblos con su honónimo, no es Falcón, sino la apatía histórica y la selectividad por los personajes que recordamos, lo que le mantiene enterrado en el olvido.


José Tadeo Monagas: El Sí, pero no

Con este existe algo de polémica, y vale la pena entrar en contexto para comprenderlo. José Tadeo Monagas (1784-1868) gobernó el país en tres oportunidades: La primera, entre 1847 y 1851, donde se rebeló contra la hegemonía de Páez y sus gobiernos títeres; la segunda, entre 1855 y 1859, donde intentó consolidar su propia hegemonía junto a su hermano, que terminó abruptamente por un golpe de Estado y desembocó en la Guerra Federal. La tercera, fue en 1868 tras derrotar a Bruzual en la Revolución Azul, y duró hasta su muerte ese mismo año (Dulce karma).
El problema que hace a Monagas bailar en un limbo, entre si murió o no en funciones, está en que, a pesar de ser la cabeza de la revolución y preparar a todo el Congreso para presentarse a la Presidencia como el obvio candidato ganador, el destino le jugó una cruel broma y falleció de una pulmonía el 18 de noviembre, en plena campaña.
Si no llegó a asumir la presidencia, entonces, ¿Por qué está en la lista? Pues sencillo: Monagas era quien daba las órdenes. Aunque el mandato interino recaía en Guillermo Tell Villegas, era José Tadeo el que realmente dirigía desde su cargo como Comandante en Jefe del Ejército. Además, es evidente que las elecciones estaban hechas a su medida para que ganara, tanto así, que tras morir, fue su hijo José Ruperto quien ocupó su lugar y terminó siendo nombrado. Así, Monagas arrebató a Bolívar y a Páez su aspiración de ser el primer caudillo venezolano en morir en la silla presidencial.  

Francisco Linares Alcántara: La muerte misteriosa

Otro presidente pasado por alto en los cursos de historia, es Francisco Linares Alcántara (1825-1878), quien gobernó el país entre 1877 y 1878 (De forma legítima, para variar) bajo el apoyo de Guzmán Blanco. Aunque estuvo sólo un año en el poder, fue conocido como El Gran Demócrata, por romper con varios paradigmas del Guzmancismo y dar amnistía a los perseguidos políticos. También envió al Panteón Nacional los restos del Dr. José María Vargas, lo que se agradece.
Linares ya se había ocupado de la presidencia interinamente durante el septenio del "Ilustre Americano", por lo que era de su entera lealtad y confianza; pero cuando le tocó mandar por su cuenta, se deslindó bastante de él e incluso apoyó de forma discreta la ola de protestas anti-guzmancistas que sacudió la nación por esos días.
Aunque su período iba a ser de sólo tres años, no pudo concluirlo pues, en 1878, enfermó gravemente durante un viaje de Caracas a La Guaira, y murió el 30 de noviembre de un paro respiratorio tras nueve días de agonía. Aunque oficialmente se tiene que una bronquitis fue la causa inicial de su deceso, actualmente se ha extendido bastante la hipótesis de que fue envenenado en un banquete. En un artículo publicado en el portal abrebrecha.com, Adalberto Pérez Ramírez no duda en sospechar que el propio Guzmán Blanco pudo ser el autor intelectual del magnicidio debido al roce entre ambos y que, posteriormente, fue él quien lo sucedió para mandar otros cinco años más.
Para muchos puristas históricos, Linares Alcántara es el verdadero primer muerto en la presidencia, y constitucionalmente lo es, a pesar de lo que ya he argumentado antes. Lo cierto es que con él, los venezolanos vieron su primer funeral de Jefe de Estado. Apenas un mes después de su muerte, fue llevado al Panteón Nacional por orden del presidente encargado, Jacinto Gutiérrez.

Juan Vicente Gómez: El vitalicio

He hablado mucho sobre hegemonías ya: Páez, Monagas y Guzmán Blanco quisieron ser, cada uno a su manera, un "Padre de la patria" para mantenerse en el poder hasta su muerte; pero sólo Monagas lo logró, y a medias. Pero si hubo una figura que sí pudo imponerse por más de 27 años en la silla hasta que lo sacó la Parca, fue el "Benemérito", Juan Vicente Gómez (1857-1935).
Tuvo el que quizás fue el mandato continuo más largo de la historia nacional, aunque ciertamente se apoyó de gobiernos títeres como Gil Fortoul, Juan Bautista Pérez y Victorino Márquez Bustillos (Quien aspiró a la presidencia legalmente en 1941, pero de haber ganado estaría hoy en esta lista). Evidentemente los puso para mantener la facha constitucional, pero por breves y poco relevantes, es más usual decir que Gómez gobernó corrido durante todo ese tiempo, pues nunca dejó de estar a cargo de las Fuerzas Armadas.
Llegó al poder a través de un golpe de Estado a su compadre, Cipriano Castro, y repasar los pormenores de su régimen sería extenderse más de lo necesario en algo que ya es altamente conocido. Pero hay que decir que, en su dictadura, cambió la constitución cuando quiso, controló los poderes públicos a su antojo, persiguió brutalmente a sus disidentes y se rodeó de aduladores que lo elevaron al pedestal más alto. Fue vivo ejemplo de la frase de Bolívar, "Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el Poder...", sin embargo, al ser tan odiado y amado en partes iguales, hace inevitable ver la similitud con el otro presidente que cierra la lista y motivó la creación de este artículo.
La muerte sorprendió a Gómez envejecido, con 78 años, en su quinta de Maracay, tras luchar penosamente con el colapso de su cuerpo, entre la diabetes y problemas de la próstata. Falleció el mismo día que El Libertador, cosa que ha sido puesta en duda muchísimas veces por varios escépticos. La Revista de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (1982) asegura que sí murió en esa fecha, pues existe registro de que, después de sufrir un paro cardio-respiratorio el 15 de diciembre, aguantó hasta la noche del 17.
"Estaba somnoliento, pero conservaba el conocimiento ya que conversó con su hijo Florencio a las 3 de la mañana del día 17 de diciembre y en la que le preguntó por el piloto Pombo, de quien tenía un buen concepto y también por Luis Branger, su compadre, lo mismo el día que era del mes, a lo cual al contestarle que era diecisiete de diciembre le respondió: Ajá, qué bueno, qué bueno.." (p. 101).

Carlos Delgado Chalbaud: La bala que cambió la historia

Después del Gomecismo, Venezuela se embarcó en un largo y atropellado camino hacia la democracia. En 1948, el primer presidente electo por voto universal, directo y secreto, Rómulo Gallegos, partía derrocado por un Golpe Militar. Para el mayor de sus dolores, entre el grupo de jóvenes oficiales que entraron ese día en Miraflores estaba un hombre al que había apadrinado años atrás en el exilio, y que llegó a considerar un hijo putativo. Su nombre era Carlos Delgado Chalbaud (1909-1950), y pronto se convirtió en presidente de la Junta Militar.
Delgado Chalbaud ya había incursionado antes en aventuras de ese tipo, pues en 1945, jugó junto a su cuñado, un tal Marcos Pérez Jiménez, un papel importante en el golpe que sacó a Isaías Medina Angarita, y formó parte de la Junta de Gobierno, antes del trienio Adeco. Su gobierno, al igual que los antecesores que tuvieron su mismo destino, se caracterizó por marcar serias diferencias con respecto a los intereses del status quo, pues quería dar un rumbo constitucional a su mandato.
El 13 de noviembre de 1950, un grupo de más de veinte hombres, en cinco autos, interceptó el vehículo presidencial en la bajada del Country Club, cuando Delgado Chalbaud era llevado a su residencia en Chapellín. Los sujetos sometieron a la comisión presidencial y los llevaron a la quinta Maritza, en Las Mercedes, propiedad del millonario Antonio Aranguren. Al llegar, surgió un hecho irregular en el que los captores acabaron por disparar al presidente y su edecán, matándolos en el acto. En este portal, hay una crónica bastante buena sobre el suceso que recomiendo leer.
El autor del plan fue el ex-gobernador de Amazonas, Rafael Simón Urbina, quien tenía una vieja rencilla con Delgado Chalbaud, pues éste se negó a ayudarlo en un juicio por peculado que tuvo décadas atrás. Al igual que en el caso de Linares Alcántara, existe un seria suspicacia acerca del trasfondo que detonó el primer magnicidio de nuestra historia. Urbina, aseguró que actuó por cuenta propia para que Pérez Jiménez ascendiera al poder, aunque nunca pudo probar el vínculo entre ambos. No obstante, que el acusado muriera baleado por agentes de la Seguridad Nacional días después de ser capturado, hace volar cualquier cantidad de teorías, a veces justificadas.
Efectivamente, la muerte de Delgado Chalbaud abrió paso para la instalación de una de las dictaduras más polémicas del siglo XX.

Un país sin pasado

Con todo lo antes explicado, creo que ya he escrito suficiente como para hablar más en algo que sigue vivo en la memoria colectiva. Los detalles y consecuencias de la muerte de Chávez son un acontecimiento en pleno desarrollo, y aún tras pasar ya cinco años, siguen quedando muchas incógnitas dignas de todo el velo de misterio y sospecha que ha cubierto a los últimos difuntos presidenciales.
No obstante, quiero aprovechar para resaltar un hecho que resulta tan curioso como perturbador a la vez: Venezuela es un país donde ya no quedan ex-presidentes vivos. Rafael Caldera, el último presidente constitucionalmente normal que hubo antes de la llegada del chavismo, falleció hace ya nueve años, en una navidad. Ramón J. Velásquez, quien terminó el período del presidente Carlos Andrés Pérez en 1993, falleció el 24 de junio del 2014 a los 98 años; incluso Octavio Lepage, quien fue interino por dos semanas tras la destitución de Pérez, nos dejó el año pasado a sus 93 años.
Como único remanso de gobiernos pasados, sólo queda el breve y caótico meollo del 11 de abril de 2002. Así, Pedro Carmona Estanga y sus 47 horas de gobierno fáctico, y Diosdado Cabello, quien asumió interinamente al restituirse el hilo democrático por ser vicepresidente, mientras Chávez regresaba de La Orchila, son técnicamente los últimos ex-presidentes con vida.
En las casi dos décadas que lleva el siglo XXI, el correr del tiempo ha pasado factura. La duración de un mismo proyecto ideológico, sin alternabilidad, esfumó los vestigios de otras épocas, de otros líderes que tuvo la nación.
La "Cuarta República" está en los cementerios. La "Quinta" también. Ahora tocará observar cómo continúa el paso de los años, y si en un futuro, se volverá a ver a los ex-presidentes alargando su legado desde los curules de un Senado y no como bustos fríos para visitar en sus mausoleos.


viernes, 29 de diciembre de 2017

(Sin)Sentidos


He estado ausente mucho tiempo. La frecuencia no es lo mío. No obstante, me gustaría cerrar este año 2017 con un poema. Me siento particularmente orgulloso de este, aunque como poeta aún estoy muy verde. Participó en el Concurso nacional de poesía joven Rafael Cadenas y llegó detrás de la ambulancia, pero con la dignidad intacta y ganas de echarle pa' lante. ¡Feliz año nuevo!



¿Quién eres?
Mírame como soy.
Rompe las líneas abstractas
de tu pensamiento condicionado.
La vida pasa como un relámpago,
y tú, impúdica santa,
te mueres a cada rato.

¿Qué quieres?
Escucha tus tripas rugir
de emociones jamás experimentadas.
Las botellas se acumulan en tu cabeza,
como dudas absurdas.
Nunca lo viste venir,
no es tu naturaleza.

¿De dónde vienes?
Jamás oliste el perfume del mar, 
ni quisiste atrapar al viento.
Eres paria de ningún lado, 
soledad que acompaña mis trazos.
Temes romper tu burbuja al llorar
y que tus lágrimas roben tu aliento.

¿Cómo lo haces?
Sentir en carne propia lo ajeno.
Bailas con pasión,
besas con locura,
y aun así eres sol de otra luna.
En tu piel se forma una constelación
y a mí me asalta un recuerdo.

¿Cuándo vienes?
Probarás el vino de la melancolía.
Tal vez fue mejor quedar dolido
tras las incongruencias de tu partida.
Quizás la noche no sea mi amiga,
pues cuando te escribo, vuelves,
y al amanecer, ya te has ido.


viernes, 9 de septiembre de 2016

El poder de imaginar



     Comienza un día más de tu vida. Otro esfuerzo sobrehumano por estirar el brazo hasta la mesita de noche y apagar la alarma del despertador. Otra ducha caliente para despejar los últimos remansos de sueño que se te quedaron pegados al levantarte de la cama y otro desayuno servido para que no te falte energía durante la jornada. Sales nuevamente como todos los días a enfrentarte con la monotonía de la rutina, contra una realidad cada vez más adversa y complicada, pues aunque jamás te dijeron que la vida fuera fácil, tampoco que podía tornarse a veces tan gris y aburrida. Tomas el metro a la hora de siempre para dirigirte a tu destino, pero como en esta ciudad de improvistos ninguna precaución es suficiente contra lo impredecible, un retraso estanca al tren por tiempo indefinido en el andén.
     Entre refunfuños y regañadientes maldices tu suerte sin saber bien si es por llegar tarde otra vez o por haberte dejado los audífonos en la casa, derrumbando la única barrera que tenías para aislarte en este vagón lleno de gente. Es entonces cuando sin más remedio, decides buscar otra cosa con qué entretener la mente y sin darte cuenta, lentamente comienzas a sumergirte en un espiral introspectivo donde tu cerebro se enfrasca en la acción contemplativa de usar la magia de la imaginación para soñar con otros mundos no muy lejanos del nuestro.
     Imagina de pronto en todas las posibilidades que hay contenidas dentro de lo imposible. Imagina cómo se esfuma la realidad, y el tiempo y el espacio se vuelven tan sólo un punto de vista subjetivo. Imagina que la ilusiones son verdaderas y que puedes ver colores que aún no se han descubierto y escuchar canciones que aún no han sido compuestas. Imagina que la ficción invade la cotidianidad y no hay limitaciones.
     Imagina a Blancanieves vendiendo manzanas en el mercado de Quinta Crespo y a los siete enanos postulándose a diputados en la Asamblea. Imagina a Alicia pintando de rojo las rosas blancas de Galipán y que por primera vez es electa Presidente Caperucita y no el lobo.
       Imagina que el final del universo no es la última frontera, que las estrellas caen como una lluvia de cometas y que vuelas aviones de papel bajo el océano. Imagina a Picasso y a Dalí pintando la Capilla Sixtina, mientras Da Vinci y Miguel Ángel firman autógrafos en el Café de algún bulevar parisino.
       Imagina que el dinero sí crece en los árboles, pero sólo sirve para fabricar cartas y libros. Que el templo más importante de la ciudad es un recinto universitario; y que en las bibliotecas la gente hace fila para consumir sus luces de primera necesidad.
          Imagina a Vargas y a Miranda caminando por los jardines de una plaza sin nombre, deteniéndose a admirar la estatua de un ciudadano corriente, y que Bolívar, con su lanza libertadora, cabalga a su fiel Rocinante para rescatar a Manuelita de las garras de un gigante molino de viento.
     Imagina que alguien borró todas las fronteras del mapa; que judíos y musulmanes bailan abrazados como hermanos mientras un buen cristiano brinda las cervezas en una taberna alegre de Jerusalén. Imagina que John Lennon ya no es el único soñador, y que canta nuevamente junto a Paul en un eterno campo de fresas.
     Imagina que puedes volar papagayos con el niño que alguna vez fuiste, y que este te cuenta todos esos pequeños detalles que ya has olvidado. Imagina que podemos volver a enamorarnos cada vez con la misma intensidad de la primera, y que todos carguemos chalecos antibalas contra las metrallas descarriadas de Cupido. Porque no hay nada peor que un amor ciego cuando se desea amar con todos los sentidos.
       Suena finalmente el cierre de las puertas del tren y repentinamente sales del trance hipnótico en que estabas. A tu alrededor, la realidad vuelve a imponerse tan cruda y hostil como siempre. Arrancas y regresas a tu rutina, aunque ahora sintiendo una extraña pero reconfortante paz interior. Tu destino se hace cada vez más cercano y los sueños vívidos que tuviste, cada vez más lejanos en tu memoria; pero en el fondo reconoces el inmenso poder que tiene la imaginación, ¿y quién sabe?, quizás algún día, en otro metro, en otro momento de tu vida, comiences a imaginarte un mundo mejor.


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lunes, 21 de abril de 2014

Tierra de todos, Tierra de nadie...

    Escribí esto durante los años en los que estudié Biología -jamás concluida- en la UCV. Escondido entre sus edificios hay un paraje donde, en mi caso, me servía para sentarme a olvidar mis problemas y poner las cosas en orden en mi cabeza. Es uno de los rincones que me hace amar esta alma máter, y recordar el orgullo que significaba ser ucvista. Aquí lo comparto con ustedes:



    Sentado en la grama pensando, recostado en uno de los viejos árboles donde antes otros escritores más grandes e ilustres se han sentado.
    Al fondo, suenan sirenas y cornetas que me recuerdan el bullicio que afuera hace en esta caótica ciudad caraqueña, pero donde estoy, todo ese pandemonium urbano suena ajeno y lejano.
   Aquí se escucha al viento que sopla y hace danzar las hojas, mientras las aves hacen un coro disonante y disperso que armoniza con el compás de los árboles. Donde estoy, la naturaleza no lucha contra el concreto, sino que ambos han encontrado la perfecta comunión de un pacto de tregua; donde las palmeras son refugio de las guacamayas viajeras, y el césped sirve de lecho para que los jóvenes amantes encuentren pasión entre clases. Y en los árboles, fieles guardianes del campus, son protectores de estatuas olvidadas confidentes de tantos secretos como historias de cualquier parque. Los árboles también han sido sombra y soporte de los pensadores de todas las ciencias y las artes, construyendo bajo ellos la historia, buscando luz de inspiración o de reflexiones.
   Donde estoy, caen hojas amarillas y ocres por las tardes, amigos juegan al frisbee con destreza mientras un joven salta un desnivel con su patineta, y una chica ahogada entre apuntes estudia para sus parciales.
    Donde estoy, una araña camina inquieta sobre esta página, y a mi lado una hilera de hormigas hacen su marcha marcial a paso fino antes de perderse en un hueco en la tierra.
    Donde estoy, el reloj impone el paso del tiempo sobre el destartalado edificio donde se encuentra nuestro rectorado y a lo lejos, la gran biblioteca brilla con los ventanales abiertos de su balcón y las baldosas caídas de su cuerpo coloso negro y rojo. Un suave susurro de música llega desde la plaza cubierta, donde Villanueva camina con Vargas entre el pastor de las nubes, nubes que como las de Calder animan la danza de los recién graduados.
     Este lugar fue mi amigo, aún cuando apenas daba mis primeros pasos por estos pasillos, sintiéndome extranjero, me enseñó que acá se encuentra mi verdadera casa. Desprecio al motorizado que perturba con su maquinaria ruidosa la paz de este templo sagrado y al vándalo que pretende imponer a la fuerza en las paredes, los debates que no ganaría con las palabras; pero la voluntad del ucvista es fuerte y  entre el verde y gris de esta tierra brillarán por siempre todos los colores del pensamiento.
     Aquí donde estoy sentado, esperaba encontrar en un suspiro una musa con la cual escribir, buscando aquí que las letras no se escribieran solas, sino que fluyeran como a un poeta le fluyen los versos; en lugar de eso, terminé escribiendo sobre este pequeño paraíso escondido entre plazas y facultades, dando cordura al silencio de las calles que nunca callan. Terminé escribiendo sobre esta tierra de mi alma máter; esta tierra del árbol y del estudiante, del pasto y de los enamorados; de la guacháraca y de la guacamaya; del escritor, del perro, de las hojas y de la araña.
    De esta tierra de todos...
    De esta Tierra de nadie.
Dr. Cuervo (08-05-2013)

miércoles, 1 de enero de 2014

Somos polvo de estrellas


  Somos polvo de estrellas. 
Años, décadas, siglos, milenios. Eones desde el primer protozoario hasta el último árbol del Amazonas.
  Somos hijos de la miseria, de las causas perdidas, de los ideales comprados y de las voces calladas entre los gritos de la muchedumbre.
  Somos sangre azul que corre libre con huesos de roca y carne verde que florece hasta donde la vista deja sentir la brisa que emana de sus pulmones.
 Somos una canción que nadie escuchó. Una hermosa melodía perdida entre el ruido de orquestas desafinadas. Somos la nostalgia de una serenata que nunca se dedicó bajo algún balcón en la madrugada.
  Somos un poeta sin café y cigarrillos; un violinista sin tejado; un amante sin rosas; un aventurero cuya bitácora se le quedó en la oficina.
   Somos una bola de cristal suspendida en un infinito telón negro por hilos cuánticos. El universo condensado en una neurona que detona un nuevo Big bang con cada sinapsis.
   Somos calaveras maquilladas de vida, vestidas con carismas y adornadas con apariencias que desaparecen para mostrar la verdadera felicidad de una sonrisa desnuda e improvisada.
   Somos hambre y abundancia. El negro y el blanco conjugados en la dualidad de una existencia dotada de matices; invisibles a los ojos de los necios, aquellos cuya boca es más grande que sus razonamientos; pero ricos y gradientes para aquellos cuyos ojos miran más allá de lo que cabe en las palabras.
   Somos la soledad del acompañado, el discurso del callado, el Hércules dentro del escuálido y la gran idea antes de dormir que desaparece cuando despiertas... El niño que vuela papagayos rotos en lo más        profundo de tu subconsciente.
   Somos fanatismo pasajero, un nacionalismo sin fronteras lleno de pecadores religiosos y condenados en las puertas del cielo. Somos el dominó de universitarios marchando hacia el sol de los mártires, siempre jóvenes y brillantes en el panteón de sus campus elíseos.
   Somos la milésima parte de lo descubierto y la mitad de lo ignorado. Inquilinos molestos responsables de un niño más consciente de nosotros que de nuestras consecuencias.
   Somos un mundo lleno de intelectuales y dictadores, de artistas callejeros y celebridades decadentes, de pensamientos mal interpretados y paradigmas vueltos dogma. Un sur sin norte y un águila que vuela más allá de donde los misiles son capaces de matar las flores y los poemas de un izquierdista millonario.
   Somos absurdos y oscuros, bizarros y nobles. Un milagro que destella entre las llamas de nuestra brevedad majestuosa y escandalosa.
   Somos un universo; una galaxia; un sol y un átomo libre...
   Somos polvo de estrellas...

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