sábado, 8 de octubre de 2016

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red Son



"Imagina que Superman no fuese rojo, blanco y azul... Imagina que fuese sólo rojo..."                                                                                                            - Tom De Santo
Nota: Cualquier potencial spoiler que se pueda escapar al escribir es completamente accidental (¿o no?), por lo que de antemano pido disculpas y vayan con cuidado por estas letras.                                                                                                                                                            Gracias, La Gerencia.


     Corren los años 50 con una sociedad que todavía convulsiona por las secuelas dejadas en la Segunda Guerra Mundial. El avance acelerado de la ciencia, así como diversos conflictos políticos, sociales y raciales moldean al mundo con la forma de un tablero de ajedrez. Son pocos los que permanecen neutrales, pues cada nación toma partido para convertirse en una pieza importante bajo la influencia de uno de los dos colosos que se disputan el domino del planeta. 
   El transcurso de los eventos de la carrera armamentista abre paso a la Guerra Fría y siguen moviéndose las piezas entre dos ideologías por ver quién supera a quién, hasta que un día suena el teléfono en el departamento de la periodista Lois Lane -perdón, Lois Luthor-, con una llamada que cambiará su vida por completo. Con ella, millones de norteamericanos miran incrédulos por sus televisores el anuncio del arma más reciente con la que el Kremlin reafirma la supremacía de la potencia comunista: más rápido que una bala, más poderoso que una locomotora, capaz de cambiar el curso de los ríos y de doblar el metal sólo con sus manos. La era atómica queda eclipsada con la llegada del Hombre de acero.
     Superman, Hijo rojo, es un cómic de 2003 creado por Mark Millar y Dave Johnson para el sello Elseworlds de DC. Los precedentes de la obra se remontan a 1995, cuando Millar se planteó la idea de tomar al mayor icono de la cultura estadounidense, aquel defensor de la verdad, la justicia y el estilo americano, y situarlo en el contexto más impensado para cualquier patriota, uno capaz de hacer temblar de miedo a Ronald Reagan en su cama:  Un Superman fiel a los principios marxistas-leninistas y pupilo del mismísimo Stalin.
        Lo primero que llama la atención al leer este cómic es su estética que inmediatamente te transporta a la mitad del siglo XX. Johnson y Kilian Plunkett supieron imprimir un estilo que recuerda bastante al arte de las propagandas soviéticas -para muestra tenemos la imagen de la cabecera- con portadas visualmente impactantes y atractivas, sumo cuidado de los detalles en cada viñeta donde se pueden apreciar el respeto a todos los elementos característicos de la época como la arquitectura, la tecnología y la forma de vestir, sin mencionar la cantidad impresionante de guiños al universo de Superman y de los cómics de DC en general que te hacen quedar fácilmente embobado viendo por varios minutos una viñeta para cazar referencias - y aún así les aseguro que se quedaran muchas por fuera-.


Imagine, Agente Olsen, si esa nave hubiese caído doce horas antes, sería ciudadano americano...
    
 En el primer número del cómic, llamado "El amanecer del Hijo Rojo", Millar nos introduce fácilmente en contexto desde la propia perspectiva de Superman, lo que a lo  largo de la historia nos brindará una mirada mucho más personal sobre sus motivos y su desarrollo como personaje. Desde las primeras viñetas se nos presentan todos los iconos de su mitología a través de diferentes cambios que dotan a los personajes y cosas de una atmósfera indescriptible.   


      Otro escritor hubiera abordado a este Superman comunista desde una visión más americanista, incluso pintándolo como un villano; pero no es así, Superman sigue siendo el mismo pan de siempre con sus valores fuertemente arraigados, enseñando que los mismos forman parte de su condición natural, principios innatos que van mucho más allá de las ideologías o del lugar donde cayera su nave. Esto se hace bastante presente en una parte que a mi parecer tuvo una fuerte connotación simbólica sobre la bondad del personaje y su vocación de ayudar a los demás, cuando el satélite ruso Sputnik está a punto de estrellarse en Metrópolis y causar una tragedia, llega Superman a salvar el día sin importar que está invadiendo territorio enemigo. 
"No eran mi gente, pero nunca ignoro un grito de ayuda". 
     En contraposición tenemos a Lex Luthor, quien también parece conservar íntegra su personalidad prepotente y maquiavélica, potenciada por una inteligencia sobrehumana que no llegas por completo a saber si te maravilla o te irrita. No obstante, este Luthor es una de mis caracterizaciones favoritas del personaje por todo lo que es capaz de hacer, una mente fría y calculadora sin límites de recursos ni moral, trabajando no al margen de la ley sino con ella, pues en este mundo a EE.UU le conviene tener un sujeto como él de su lado. Es así como mientras Superman en Metrópolis demuestra no ser del todo malo, Luthor comienza la partida de ajedrez como un digno adversario, moviendo primero sus peones con la vista puesta en el Rey. Tampoco conviene quitarle la mirada de encima al líder de la NKVD, Pyotr Roslov (¿el buen Peter Ross?) un ser sombrío con un complejo de bastardo peor que el de un personaje de Juego de Tronos, quien ha tenido que hacer por años el trabajo sucio para escalar en las filas del poder y que de la noche a la mañana se ve opacado por el nuevo consentido del dictador, alguien que le enseña por las malas que el marxismo no es más que una mentira pues "él es la máxima representación de que los hombres no son iguales".
    Importante de resaltar también en la historia es el papel de Lois, cuyo vínculo con Superman parece trascender las barreras del tiempo y del espacio, algo platónico pero interesante de ir viendo es su punto de vista de los acontecimientos. Sin embargo, de las mujeres que pasan por la vida de este kriptoniano, quien resalta es sin dudas Wonder Woman. Siempre he sido fan de ellos como pareja, y frustra verla en la situación de friendzone en la cual cae. Wonder Woman representa la lealtad que nace producto del amor no correspondido, una novela trágica que te deja un sabor amargo ante lo ciego que puede ser un hombre que tiene mil tipos diferentes de visión. 


Batman: Anarquía de negro

     Esta primera parte se empeña bastante en jugar con los supuestos y los "¿Qué hubiera sido si...?", constantemente haciendo guiños al mundo de la continuidad normal en diferentes aspectos como la relación de Lois y Superman, su rivalidad con Luthor o cómo simplemente el pueblo ruso no puede imaginárselo proviniendo de otro lado. En segundo lugar, es resaltante el uso del efecto mariposa y sus consecuencias en eventos futuros dentro de la historia. Cómo el hecho de que su nave cayera 12 horas antes cambió el curso de todo ese universo, o el sutil pero importantísimo punto de inflexión que puede significar entrar volando a Moscú por el norte. Esto nos lleva a un tercer y último punto retratado sobretodo al final de esta entrega y las siguientes: el destino de Superman por su tendencia a querer solucionar los problemas del mundo y los peligros que conlleva su complejo de dios omnipotente. Ya unos años antes la magistral obra Kingdom Come había explorado esta faceta de Superman y que a partir de ahí, reproducida cientos de veces como moraleja del poder sin control y del querer poner la seguridad por encima de la libertad individual, a lo que yo le agregaría, la muestra máxima de que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno, y que la moral es sólo una perspectiva, pues lo que se cree es lo correcto termina realmente por no serlo.
      Para "El zenit del Hijo Rojo" observamos cómo ha ido avanzando la partida de ajedrez a favor de nuestro héroe proletario quien ahora es líder de la URSS y debe lidiar con el peso de toda una humanidad sobre sus hombros. Junto a Wonder Woman, el mundo se ha ido rindiendo voluntariamente ante el pacto de Varsovia y para 1978, apenas quedan del lado capitalista las piezas de EE.UU y Chile (¿Pinochet?). Vemos a Luthor más obsesionado que nunca por derrotar a Superman, recurriendo a agentes externos como Brainiac u otros villanos clásicos para su cometido. No obstante, todo parece irle bien a Superman, con excepción de la reducción de Stalingrado dentro de una botella por acción de Brainiac, como lo estuvo Kandor en otra línea de tiempo. Es en esta parte donde comienza la peor pesadilla para el mundo perfecto del líder rojo, un terrorista al más puro estilo de V de venganza se encarga de volar edificios públicos por las noches y de sembrar en los habitantes de Moscú el mensaje de la anarquía. ¡Qué más se podía esperar de un Batman ruso! Su triste pasado le da todos los motivos para odiar visceralmente al comunismo y sirve de representación de toda esa disidencia que fue exterminada, torturada y encerrada en campos de concentración durante el régimen de Stalin, algo que llama la atención de cierto calvito al otro lado del charco y nuevas piezas como Roslov o un anillo alienígena encontrado en Rosswell se van agregando para la próxima jugada de Luthor.

No está de más decir que las peleas entre Superman y Batman siempre generan morbo en el lector, sabemos que nos encanta y a los escritores también les fascina a cada rato demostrar la superioridad del hombre sobre el dios con el Batsy dándole una buena putiza al chico de la capa. Esta no es la excepción. 
Así como el nombre indica que esta parte es el zenit del Hijo Rojo en su carrera, es también el zenit de la historia, pues como en todo, Batman deja una fuerte marca sobre la hasta ahora invicta dupla Superman/Wonder Woman, una jugada llena de traiciones, pérdidas y desencantos que cambiará drásticamente la forma de ver el mundo e influirá bastante en el desenlace de esta partida, demostrando que las utopías pueden mermar la libertad.


Jaque mate



     Es mucho y a su vez poco lo que puede decirse de "El Crepúsculo del Hijo Rojo" tercera y última parte del cómic. Aquí los elementos distópicos se hacen mucho más presentes con la consagración de la Unión Sovética Mundial. Estados Unidos tras una fuerte guerra civil queda reducida a 34 estados sumidos en crisis mientras que afuera, un régimen orwelliano rige al mundo. No hay crimen, accidentes, todos tienen trabajo y las expectativas de vida son buenas, pero el costo es altísimo. El sistema de seguridad creado por Superman a través de Brainiac controla cada aspecto de la sociedad como un Gran Hermano... "Ni siquiera llovía si Brainiac no estaba seguro de que todo el mundo llevase paraguas".
     El encuentro con Batman dejó secuelas fuertes en los personajes principales: Diana, desencantada del mundo de fantasías que alguna se pintó desde su friendzone, y Superman, degenerado en un patriarca totalitario, fetichista de convertir a los disidentes de su gobierno en robots sin consciencia vestidos de murciélago, y que comienza a aburrirse del mundo perfecto que ha creado. Pareciera que Luthor con una sola pieza a su favor ya tiene la partida perdida, pero es aquí donde realmente hace su jugada maestra al postularse a la presidencia de los EE.UU y en menos de un año, reconstruir un país y ponerlo de nuevo en la competencia para desbaratar el juego del Hijo Rojo.
        El clímax de la historia va mucho más allá de lo narrable. No quiero caer en spoilers que les echen a perder la emoción de leerlo por ustedes mismos, así que sólo me limitaré a decir que al final el gran ganador de este partido de ajedrez geopolítico es la humanidad misma, que logra avances increíbles respecto a los que se lograron en la vida real y que si bien tiene algunos rasgos demasiados utópicos y hasta disneyficados por su excesiva perfección, la verdad es que agradan a la vista, y la reinterpretación final sobre toda la historia con las palabras finales de Superman en primera persona, y la reconstrucción de los hechos, es algo sencillamente épico que seguro requirió bastante imaginación por parte del autor.
     En fin, este es un cómic sumamente bueno - de mis favoritos- no sólo por la excelente historia que nos cuenta y sus magistrales ilustraciones, sino porque permite analizar un poco la forma que se manejaba el mundo por aquellos días y realizar reflexiones al respecto. La Guerra Fría en mi opinión fue una partida de ajedrez donde EE.UU y la URSS se jugaron el destino del mundo moviendo todas las fichas como mejor les pareció con el fin de servir a sus intereses políticos. Esto se representa a través de Luthor y Superman, ambos personajes grises capaces de cosas tanto buenas como terribles con el fin de demsotrar la supremacía de sus respectas ideologías. Esta competencia fue real, e incluso hoy a casi treinta años de la caída del bloque comunista, las naciones aún juegan su interminable partida de poder usando a países más pequeños como sus peones. Para Superman, lo que hacía era lo correcto, su bondad era innata, pero sus métodos respondían a la forma autoritaria de hacer las cosas en la vieja Rusia de Stalin, por lo que su error, su gran error a lo largo de todas sus versiones y universos, fue no dejar a la humanidad labrarse su propio destino, dejarla caer, gatear y caminar... Romper la burbuja y dejarla ser libre.


¿Por qué no meter al mundo entero en una botella, Superman?

       
                                          

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