Somos polvo de estrellas.
Años, décadas, siglos, milenios. Eones desde el primer protozoario hasta el último árbol del Amazonas.
Somos hijos de la miseria, de las causas perdidas, de los ideales comprados y de las voces calladas entre los gritos de la muchedumbre.
Somos sangre azul que corre libre con huesos de roca y carne verde que florece hasta donde la vista deja sentir la brisa que emana de sus pulmones.
Somos una canción que nadie escuchó. Una hermosa melodía perdida entre el ruido de orquestas desafinadas. Somos la nostalgia de una serenata que nunca se dedicó bajo algún balcón en la madrugada.
Somos un poeta sin café y cigarrillos; un violinista sin tejado; un amante sin rosas; un aventurero cuya bitácora se le quedó en la oficina.
Somos una bola de cristal suspendida en un infinito telón negro por hilos cuánticos. El universo condensado en una neurona que detona un nuevo Big bang con cada sinapsis.
Somos calaveras maquilladas de vida, vestidas con carismas y adornadas con apariencias que desaparecen para mostrar la verdadera felicidad de una sonrisa desnuda e improvisada.
Somos hambre y abundancia. El negro y el blanco conjugados en la dualidad de una existencia dotada de matices; invisibles a los ojos de los necios, aquellos cuya boca es más grande que sus razonamientos; pero ricos y gradientes para aquellos cuyos ojos miran más allá de lo que cabe en las palabras.
Somos la soledad del acompañado, el discurso del callado, el Hércules dentro del escuálido y la gran idea antes de dormir que desaparece cuando despiertas... El niño que vuela papagayos rotos en lo más profundo de tu subconsciente.
Somos fanatismo pasajero, un nacionalismo sin fronteras lleno de pecadores religiosos y condenados en las puertas del cielo. Somos el dominó de universitarios marchando hacia el sol de los mártires, siempre jóvenes y brillantes en el panteón de sus campus elíseos.
Somos la milésima parte de lo descubierto y la mitad de lo ignorado. Inquilinos molestos responsables de un niño más consciente de nosotros que de nuestras consecuencias.
Somos un mundo lleno de intelectuales y dictadores, de artistas callejeros y celebridades decadentes, de pensamientos mal interpretados y paradigmas vueltos dogma. Un sur sin norte y un águila que vuela más allá de donde los misiles son capaces de matar las flores y los poemas de un izquierdista millonario.
Somos absurdos y oscuros, bizarros y nobles. Un milagro que destella entre las llamas de nuestra brevedad majestuosa y escandalosa.
Somos un universo; una galaxia; un sol y un átomo libre...
Somos polvo de estrellas...



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