Somos polvo de estrellas

Porque somos polvo cósmico de estrellas que colapsaron en su viaje por el universo.

Historia breve de un encuentro memorable

¿Cuántas veces no nos hemos enamorado de un desconocido en la calle? El metro, el autobús y las salas de espera guardan más historias de amores fugaces e imposibles que una novela, y esta, es una de ellas.

¿Está muerto el periodismo tradicional?

El siglo XXI ha traido consigo un auge del periodismo digital a través de las redes sociales. ¿Puede el impreso sobrevivir a esta generación?

El poder de imaginar

Hace algunos semestres tuve la oportunidad de escribir este texto para una tarea de Taller de Redacción. Considero que es perfecto para la resurrección del blog. ¡Esta vez con imagen renovada!

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red son

Superman, junto al pie de manzana, es uno de los mayores iconos de la cultura norteamericana. Difícil imaginarlo en un contexto diferente, pero aquí, abordaremos este cómic que da que hablar.

martes, 5 de noviembre de 2013

Historia breve de un encuentro memorable

         
             La tarde transcurría tan gris como el concreto mojado de la calle. Las gotas de una suave llovizna golpeaban tímidamente el cristal de la ventana mientras miraba abstraído el pasar de transeúntes sin rostro avanzando rápidamente sobre la acera. Afuera, el atasco vehicular típico de la avenida hacía casi diez minutos que mantenía el autobús detenido en el mismo lugar. Un suspiro de fastidio empaña mi vista al exterior mientras mi mente se enfrasca en su propio submundo; aislado del bullicio de conversaciones ajenas y de cornetas, dando prioridad a mis propios asuntos por encima de cualquiera, en la intimidad de aquellas miradas introspectivas que es bueno hacer al alma para meditar sobre nuestros problemas cuando no queda nada más por hacer que tamborilear el asiento con los dedos en medio de las monumentales colas que se forman en la ciudad de las autopistas.
            Hago un breve repaso visual a la gente que comparte conmigo el colectivo: Una mujer con dos hijos está a punto de perder la cordura, un señor lee el periódico apaciblemente en la otra fila  y dos asientos atrás un adolescente está por pasar por enésima vez el nivel de un juego en su teléfono; sin embargo, es justo en el puesto frente a mí que mi mirada se detuvo al mismo instante que el tiempo y todo el universo. Allí estaba ella, inquieta quizás de la impaciencia; mi vista la recorre entera, como un ser extraño, entre exótico y divino, presente en medio de los mortales así como un milagro que rompe lo cotidiano, sus pies se tambalean frenéticamente mientras su tupido cabello pelirrojo se movía al compás de su cabeza haciendo bailar sus rulos con el ritmo de las canciones cuya letra sus labios cantaban silenciosamente para sus adentros. 
     Quizás no fuera tan sutil la forma en que quedé anonadado pues al centrar más mi mirada, me topé con aquellos ojos verde oliva que fijamente taladraban mi conciencia, recriminándome mi invasión a la privacidad de su momento. Enrojecido, aparto la vista no sin evitar sentirme el ser más avergonzado en la tierra, y no sé si fue suerte o carisma, pero de reojo pude notar como una sonrisa teñía su rostro con colores de vida y luz que me devolvieron la esperanza de seguir mirando, está vez de frente y con su permiso.
            Y así, como dos niños haciéndose caras entre las ventanas de dos autos, comenzamos aquel duelo de miradas donde a veces era yo quien apartaba primero la vista, otras veces era ella, y como si el mundo afuera ya no existiera, sólo eran esos ojos profundos e indómitos los que me interesaban, esa mirada fija era todo lo que necesitaba en ese preciso instante, esa ceja arqueada que invitaba a la intriga sobre cuál sería su historia, y si había posibilidades para mí en su futuro; esos labios rojos que me hacían preguntarme cuál sería la melodía de su voz, pero al morderlos suavemente me invitó a pensar sobre el sabor de aquel fruto tan lejano, y que a su vez, tenía por escasos metros al alcance de mi mano.
            Jamás me di cuenta en qué momento el tráfico se despejó, ni cuando el cruce de nuestros destinos llegó al trágico final que condenan los amores casuales de a primera vista, solo sé que sacó su paraguas y quitándose los audífonos se levantó al sonido de la parada, me regaló una última mirada oliva para mi recuerdo, y con aquellos labios pronunció un “hasta luego” inaudible antes de bajarse del autobús y devolverme de golpe a la realidad. De pronto el mundo volvió a ser tan gris y frío como las paredes de metal dentro de las que me encontraba, y el reloj siguió su curso sobre mi muñeca como si no hubiese sido más que un sueño plácido. Me bajé dos paradas después, sin estar seguro si era o no realmente mi destino; mi mente volvía a hacerse introspectiva y  lentamente agonizaba su hechizo a medida que con el transitar de las calles, y el caer de la lluvia, me preguntaba si el azar volvería a cruzarme con ella. 


Si te gustó, dale "Like" y comparte en tus redes sociales para ayudarme a crecer:

jueves, 31 de octubre de 2013

Una vela para Taita


(Basada en la leyenda venezolana)

     Quizás hayas escuchado hablar alguna vez sobre las Ánimas del Purgatorio, espíritus que vagan en un plano existencial donde no hay cielo ni infierno, donde el peso de sus vidas pasadas les da un destino incierto en el que, sin acciones nobles ni pecados mortales, no pueden hallar la paz ni la tan anhelada luz al final del túnel. Son sumamente conocidos tanto en Venezuela como en el resto de Latinoamérica, especialmente en las zonas rurales donde muchos son venerados, pues se dice, tienen la capacidad de conceder favores a sus seguidores siempre y cuando estos les ayuden a ellos a cruzar el umbral de la muerte, intercediendo a través de sus rezos o mediante algún rosario
     El trato es simple, sólo basta con encender cierta cantidad de velas en el altar de la casa durante un plazo previamente acordado, y en una manera, a veces milagrosa, se obtiene la ayuda solicitada; esto nos lleva a nuestra historia, ocurrida hace no muchos años en un sector popular de la ciudad de Caracas, una zona muy antigua de casones señoriales; donde la superstición se mezcla con la fe y las costumbres religiosas, dando lugar a un sinnúmero de relatos contados entre la realidad y la leyenda, y donde el realismo mágico tan característico en la historia de nuestros pueblos latinos renace y florece en un conglomerado de supersticiones y fantasía, en pleno corazón de la capital venezolana. 
     Allí mismo, en esa zona detenida en el tiempo, conocida como La Pastora, vivía Doña Teresa, una mujer ya bien entrada en sus cuarentas que, como la mayoría de señoras de su clase, era fiel creyente de todos esos cuentos y tradiciones que formaban parte de su idiosincrasia criolla, incluidas las ánimas, las cuales si bien no figuraban a menudo en su devocionario personal, eran una solución bastante irresistible para sus problemas económicos como para dejarlos pasar; vivían tiempos duros y, para una madre divorciada como ella, el pasar del día era una acumulación constante de deudas y más deudas que la tenían hasta el cuello, así una noche a bien pasadas las horas, en la intimidad de su habitación se colocó de rodillas y, poniéndose lista en la posición para orar, se dispuso a pedirle con el corazón en mano “una ayudaíta” a las ánimas para poder salir de todas estas calamidades que sufría por su falta de dinero; el acuerdo, cuatro velas encendidas durante todo el mes; parecía algo razonable y, sinceramente, ya había agotado todos los medios para solventar su difícil problema, estaba desesperada y tenía bocas que alimentar, así que entregó toda su confianza en su fe, al fin y al cabo, ya no le quedaba nada por perder.
      Pasaron los días y, cuando Teresa por fin daba por acabada sus esperanzas, recibió una llamada que, por primera vez en mucho tiempo, le había esbozado una enorme y sincera sonrisa en su rostro: le llamaban de un tribunal para informarle que habían fallado en su favor en un antiguo juicio contra su exmarido y que ella creía era caso enterrado, ahora él no sólo debía aumentar la pensión alimentaria que les enviaba, sino que además incluía una jugosa compensación monetaria que, sin ninguna duda, era la solución para todas sus deudas; o por lo menos, de gran parte de ellas. Apenas colgó, salió corriendo hacia el pequeño altar que había en un rincón de la sala, abrió la gaveta de un mueble cercano, y fósforo en mano, encendió uno a uno los cuatro velones blancos que con mucho cuidado había colocado entre sus estatuillas de la virgen y estampillas religiosas, se persignó, y con lágrimas de felicidad corriéndole por las enrojecidas mejillas, dio las gracias desde lo más profundo de su ser y queriendo con esto cumplir su parte del trato e interceder por ellos en su camino para encontrar la paz.
     Siguieron  pasando los días y como devota cristiana que era, mantuvo su promesa la mayor cantidad de tiempo que pudo, hasta que uno de los cuatro velones se extinguió por completo, y aunque se había hecho a sí misma la nota mental para comprar otra, tenía otras ocupaciones más importantes que cumplir; entre el trabajo, las cuentas que estaba pagando todavía, el colegio de los niños y las demás tareas del hogar, estuvo tan ocupada que ya para el final de la tarde había olvidado su recado. Era un descuido normal, a cualquiera le hubiera ocurrido, era tan sólo un detalle insignificante fácil de pasar  por alto, pero no para las ánimas del purgatorio, pues si algo también se conoce de estos espíritus en pena, es que son sumamente vengativos y rencorosos con aquellos que incumplen con el trato, incluso una nimiedad como una vela faltante era capaz de hacer erupcionar toda oscuridad, maldad y locura de estos seres quienes desatan con ira cruel e implacable su castigo sobre sus deudores.
     La noche siguiente Teresa regresaba agotada de su trabajo como siempre, ya era bastante tarde y la calle se encontraba solitaria; las aceras, apenas si eran iluminadas a tramos por los faroles; ni un ruido más allá que el de los grillos y el frío penetrante que bajaba del Ávila le obligaba a cerrarse el suéter mientras apuraba el paso para llegar lo más rápido posible a su hogar. Su cerebro se mantenía alerta ante cualquier cosa sospechosa que viera, esto como un mecanismo natural ante la creciente inseguridad que azotaba la zona, y con una sensación recorriendo su cuerpo de que algo o alguien iba tras de ella, esta alarma se hizo más sensible todavía. Temiendo ser interceptada por alguna pandilla o delincuente, sujetó su bolso con fuerza y aceleró aún más hasta el punto de sentirse casi trotando; ya divisaba su casa a lo lejos entre todas las demás que tomaban un aspecto lúgubre y sombrío en la oscuridad de la noche con sus grandes ventanas de madera y sus rejas puntiagudas de hierro forjado; jadeante ya del esfuerzo, tomó el valor de voltear sólo para percatarse de que no había nada tras de ella; la calle empinada lucía tan solitaria que no se veía ni un alma, pero al volver la cabeza y avanzar hacia la puerta, vio algo que le heló la sangre y casi le hizo soltar las llaves que había sacado metros atrás: frente a ella, se encontraba su padre, su Taita. 
     Él había fallecido hace algún tiempo ya, dejando en Teresa un vacío enorme pues le tenía un cariño grandísimo y verlo allí plantado en las escaleras de la entrada, era una imagen que no sólo la perturbaba, sino que también le traía recuerdos y nostalgia, además del placer de volver a verlo; restregó sus ojos como queriendo caer en que era una jugada de su cansancio, pero la aparición seguía allí, así que persignándose se le acercó lentamente con precaución, mientras que la figura, vestida de guayabera y sombrero le sonreía tranquilamente, con esa mirada serena, dulce y paternal que la invitaba a tranquilizarse. – Hija mía, ¡cuánto tiempo ha pasado!, no sabes lo mucho que te he extrañado y he querido verte- le decía su taita mientras ella, abnegada en lágrimas extendía sus brazos para abrazarlo, la figura hizo gesto que no, que sería mejor pasar y tener esa última conversación que jamás pudieron tener debido a lo repentino que fue su muerte, y abriendo la puerta se dejó llevar por la emoción -¡Tengo tantas cosas que contarte!, ¡Ay taita, que felicidad que te aparecieras!   
     Sin embargo, no había terminado de pasar por la puerta cuando un ruido seco retumbó en sus oídos y la figura de su taita se convirtió en un enorme velo negro que comenzó a recorrer por toda la casa, volando a una velocidad increíble, el susto no se hizo esperar y emitió un agudo grito pegándose a la pared mientras el ente revoloteaba al ras del techo produciendo un viento ligeramente huracanado que derribaba estanterías, adornos y cuadros; - Has faltado a tu promesa, has incumplido tu deuda con nosotros y ahora tendrás que pagarla- exclamaba la sombra con una voz grave y múltiple, como si varias personas hablasen al unísono, esta sombra atravesó el pasillo y se metió en los cuartos desordenando todo a su paso, en la habitación, los niños gritaban en sus camas; el más pequeño - de unos 9 o 10 años- lloraba a lágrima suelta mientras el más grande, de 14, lo abrazaba en un intento de calmarle aunque él mismo temblaba preso del pánico. 
     Teresa aferrada a su crucifijo trataba de rezar aunque las palabras difícilmente le salían en forma de balbuceos tartamudos por el nudo que se le había hecho en la garganta, trataba de implorar misericordia pero cada vez que pronunciaba una palabra el ser volvía, y con una fuerza estrépita le golpeaba como un camión arrollando todo en su camino, -¡Pero si yo encendí las velas como les prometí!, ¡No sé por qué me están haciendo todo esto!- gritaba con la voz quebrada mientras el delineador se escurría por su rostro, -¡Por favor, tengan piedad!-
- ¡Nada de piedad!- le contestaban las voces- Tu ofrenda desde ayer se encuentra incompleta, ¿O has creído que puedes timar a las Ánimas con semejantes excusas? Debes cumplir tu promesa o pagar por tu falta…
  En efecto, era la vela faltante la causante de todo este meollo, y corriendo hacia la cocina, Teresa se dispuso a buscar frenéticamente la susodicha vela abriendo cajones y gavetas en su búsqueda, sus jadeos y sollozos eran solamente ahogados por el sonido de muebles y objetos cayendo en el piso en medio del huracán que se había formado en la sala, y del llanto de los niños que traumatizados llamaban a gritos a su madre, por fin, apareció en uno de los cajones una diminuta vela de cumpleaños que había guardado y rezando por que funcionara, arrancó hacia la sala aunque no necesitó de mucho movimiento, pues la sombra, con forma de un velo negro traslúcido de apariencia vaporosa, le tomó por los tobillos y la arrastró por el suelo como a un trapo viejo y la lanzó en el centro de un desastre de vidrios rotos y adornos de porcelana destrozados donde, con suma violencia, la levantó y llevó a empujones hacia el pequeño altar que permanecía intacto a pesar de todo el pandemónium que le rodeaba. 
     Teresa tomó la cajetilla de fósforos y con un pulso bastante tembloroso hizo varios intentos por encender la vela hasta que finalmente lo logró, y haciendo esfuerzos para que no se le apagara entre la fuerte ventisca y los sacudones que la sombra le profería, colocó la velita de cumpleaños entre los velones que aún alumbraban, y así tan repentino como ocurrió; todo el viento, la sombra y el caos desaparecieron como un relámpago que fugazmente se desvanece en medio de la tormenta, todo volvía a estar en un silencio sólo corrompido por el tenue sonido de la noche y una calma se apoderó  de la casa como la paz después de una sangrienta batalla. 
      Teresa cayó de rodillas agarrando con toda la fuerza de su mano el Cristo del crucifijo, mientras su piel pálida volvía a retomar lentamente su color natural, con los escalofríos propios de la adrenalina todavía fluyendo por su cuerpo. Sus hijos salieron corriendo y la abrazaron sollozantes; y permanecieron allí, durante un buen rato, sin que nadie dijera ni una sola palabra más que contemplar con la mirada perdida, absortos en el desastre que había en toda la casa. Al día siguiente Teresa no fue al trabajo, dedicó el día completo a arreglar todo el destrozo, enclaustrándose ante las miradas curiosas de los vecinos que se acercaban a preguntar por el escándalo que había ocurrido anoche, y sin contestar a ninguno, evadió el tema aunque si algo se hizo común en esa casa a partir de ese día, es que Teresa siguió encendiendo sus cuatro velas diaria y devotamente, aunque ya pasara hace mucho el mes acordado en su promesa.

Nota: Esta historia es de mi autoría; sin embargo el concepto original de la misma esta basada y adaptada a partir de la leyenda “El ánima sola”, encontrada en este sitio web: http://mitosleyendasdevenezuela.blogspot.com/ y de todos los cuentos orales transmitidos en la cultura venezolana. ¡Gracias por leer!   


Si te gustó, dale "Like" y comparte en tus redes sociales para ayudarme a crecer:

domingo, 22 de septiembre de 2013

Primer Post.

   

     Quizás fue un impulso de esos que dan a veces lo que me llevó a crear este blog. La cuenta existía de hace años debido a otros proyectos que jamás vieron la luz, y sinceramente, por un tiempo pensé que este sería uno de ellos. En fin, considero que antes de seguir este escrito, es conveniente - por no decir lo más cortés- presentarme. 
     Para ustedes, soy el Dr. Cuervo, ¿Por qué "doctor"?... Porque "Licenciado Cuervo" no tiene el mismo impacto al decirlo como un doctorado... ¿Por qué "Cuervo"?, bueno, porque el cuervo  -junto al búho- son mis aves favoritas, pues representan el conocimiento, la sabiduría y en menor medida están relacionados con la noche y la magia, sólo que en el caso del cuervo, esta ha sido de una forma bastante negativa llegando incluso a considerarle un ave de mal agüero. Entonces como ya saben, soy el Dr. Cuervo, vivo en Caracas, Venezuela, ciudad con la que llevo una relación de amor y odio, unas veces más la una que la otra, otras veces viceversa. Mis pasiones, escribir, porque escribiendo se libera el alma y el pensamiento se hace palpable a través de las palabras; dibujar también me apasiona y siempre que pueda mezclar ambas capacidades, me sentiré como un pez en el agua... O como un ave en el cielo.
      Volviendo al comienzo, la razón por la que en un principio consideré desistir de la idea de un blog, fue lo que llamo "El bloqueo del primer paso", sí, así como cuando ves una chica que te gusta pero te ata un miedo a hablarle, o cuando conoces la respuesta de una pregunta en clase pero sientes pena de levantar la mano, y mientras en tu mente recoges valor y en tu cabeza das mil vueltas sobre qué vas a decir, llega otro y lo hace por ti dejando sembrado el remordimiento y la duda de qué pasaría si hubieras sido tu quien hablara. Pues bien, al crear este blog, me invadió el dilema sobre cómo había de comenzarlo, qué temas tocar, incluso vacilé sobre mi propia capacidad para escribir, pasando días pensando en cuales serían las palabras adecuadas para iniciar esta aventura. Al final, fue uno de esos impulsos repentinos que a veces te llevan a hacer alguna locura inhibiendo todo sentido de prudencia y recogimiento lo que que me llevó a concretar estas palabras aquí escritas. Quizás una vez superado el bloqueo del primer paso, y con el apoyo que reciban mis artículos, iré publicando más y más hasta que sea fluido y cotidiano. No espero ser un gran bloguero, o que mis artículos recorran el mundo inspirando a millones, pero lo que sí espero es crecer como escritor, plasmando aquí mis pensamientos, ideas, opiniones, e incluso subir parte de mis proyectos personales como libros o guiones. En el universo de Harry Potter - del cual soy gran fan por si no terminaron de darse cuenta- Existe un objeto mágico conocido como "Pensadero", en el cual un mago podía almacenar sus recuerdos a modo de tenerlos siempre a la mano, o simplemente para despejar su mente, permitiendo a quien lo utilizara explorar vívidamente lo más íntimo de la memoria de esa persona. Eso espero que sea este blog para ustedes, y que en él pueda verse reflejado el complejo meollo que diariamente surca por mi cabeza, de ahí que esto se llame, El Pensadero del Cuervo. Sin ya nada más que decir, espero que mi humilde empresa iniciada sea de su agrado, siéntanse bienvenidos, y que este sea el comienzo de una gran aventura.