Somos polvo de estrellas

Porque somos polvo cósmico de estrellas que colapsaron en su viaje por el universo.

Historia breve de un encuentro memorable

¿Cuántas veces no nos hemos enamorado de un desconocido en la calle? El metro, el autobús y las salas de espera guardan más historias de amores fugaces e imposibles que una novela, y esta, es una de ellas.

¿Está muerto el periodismo tradicional?

El siglo XXI ha traido consigo un auge del periodismo digital a través de las redes sociales. ¿Puede el impreso sobrevivir a esta generación?

El poder de imaginar

Hace algunos semestres tuve la oportunidad de escribir este texto para una tarea de Taller de Redacción. Considero que es perfecto para la resurrección del blog. ¡Esta vez con imagen renovada!

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red son

Superman, junto al pie de manzana, es uno de los mayores iconos de la cultura norteamericana. Difícil imaginarlo en un contexto diferente, pero aquí, abordaremos este cómic que da que hablar.

viernes, 29 de diciembre de 2017

(Sin)Sentidos


He estado ausente mucho tiempo. La frecuencia no es lo mío. No obstante, me gustaría cerrar este año 2017 con un poema. Me siento particularmente orgulloso de este, aunque como poeta aún estoy muy verde. Participó en el Concurso nacional de poesía joven Rafael Cadenas y llegó detrás de la ambulancia, pero con la dignidad intacta y ganas de echarle pa' lante. ¡Feliz año nuevo!



¿Quién eres?
Mírame como soy.
Rompe las líneas abstractas
de tu pensamiento condicionado.
La vida pasa como un relámpago,
y tú, impúdica santa,
te mueres a cada rato.

¿Qué quieres?
Escucha tus tripas rugir
de emociones jamás experimentadas.
Las botellas se acumulan en tu cabeza,
como dudas absurdas.
Nunca lo viste venir,
no es tu naturaleza.

¿De dónde vienes?
Jamás oliste el perfume del mar, 
ni quisiste atrapar al viento.
Eres paria de ningún lado, 
soledad que acompaña mis trazos.
Temes romper tu burbuja al llorar
y que tus lágrimas roben tu aliento.

¿Cómo lo haces?
Sentir en carne propia lo ajeno.
Bailas con pasión,
besas con locura,
y aun así eres sol de otra luna.
En tu piel se forma una constelación
y a mí me asalta un recuerdo.

¿Cuándo vienes?
Probarás el vino de la melancolía.
Tal vez fue mejor quedar dolido
tras las incongruencias de tu partida.
Quizás la noche no sea mi amiga,
pues cuando te escribo, vuelves,
y al amanecer, ya te has ido.


viernes, 10 de noviembre de 2017

Comegato llega a su recta final entre aplausos y cerveza



Caracas es una ciudad de balas y salsa brava. En ella convergen el pasado, presente y futuro, para contarnos el día a día de millones de historias, algunas a veces escritas con sangre.
Cada sábado y domingo a las cuatro de la tarde, el reloj echaba su cuenta para atrás, pero llegó la hora de detenerse. Con tres semanas a cuestas, Comegato llega a su último fin de semana haciendo retroceder el minutero.
Por sólo 10 mil bolívares, era una opción inevitable para pasar el finde.
Escrita por Gustavo Ott, esta versión del director Rafael Barazarte emergió del Festival de Jóvenes Directores Trasnocho, para instalarse en las tablas del Centro Cultural Chacao, desde el pasado 21 de octubre. 
La adaptación ofrece un giro renovador respecto a la original de 1997. Aquí, la sala La Viga se convierte en un espacio íntimo y acogedor que hace sentir al espectador, no sentado en una butaca, sino compartiendo la mesa de la pequeña taguara donde se desarrolla la historia, una que puede ser cualquiera de esta capital de madera rústica y cajones de cerveza, entre un cuadro de Héctor Lavoe y un cartel de "No fío" que sólo hace falta sentir el olor a cigarro para ponerse a leer una gaceta hípica.
Allí, las miradas espectantes se centraron en la figura solitaria de Natalia, interpretada por Maddy Hernández y Ana de Sousa, que nos narra una oda al caos y la decandencia de un país, condensada en su matrimonio con David (Luis Ernesto Rodríguez) y la ruptura de la cotidianidad tras la llegada de Rubén, alias "El Comegato" (Eduardo Pinto).
La atmósfera, emana unos aires de noir que se prestan al desarrollo de la trama, mientras cada acto o válida, se presenta en forma fragmentada, como un rompecabezas donde lo importante no es el desenlace, sino el cómo que va llegando en forma de dèja vu.
Risas y ceños fruncidos se confunden al ver una actuación muy natural y convincente, tan agridulce que se pierde el sentido de la comedia y el drama, de la misma forma en que los personajes van perdiendo la noción del bien y mal. 

Una regresión a la venezolana

Sobre el análisis de las connotaciones sociales que refleja la obra, galardonada con el Premio Municipal de Teatro y el de la Casa del Artista en 1997, mucho es lo que se puede decir acerca de los problemas de una sociedad descompuesta: La viveza criolla, la exaltación de la figura del malandro como antihéroe tropical y el trasfondo político de un país que convulsiona cada vez más entre crisis y crisis. 
Pero más que profundizar en estos tópicos, que siguen más vigentes que nunca a diez años del estreno realizado por Ott, la esencia de Comegato queda plasmada en la visión de Barazarte, quien declararía en marzo a Últimas Noticias:
“Escogí esta obra porque en este momento país nos muestra cómo se va desmembrando la sociedad y cómo hasta la persona con la mejor moral o los ideales más nobles pierde el norte por culpa de las necesidades. El negocio sucio, el guiso, esa trampa de la vida fácil tan presente en nuestra cotidianidad hace que abandonemos nuestra conciencia y dejemos de lado lo correcto para salir de nuestros problemas sin pensar en los demás. ‘Comegato’ muestra esa verdad incómoda y cómo cedemos ante lo urgente y nos traicionamos como personas, pero también como sociedad y país”.
Así, juegan elementos como la iluminación y el sonido para contarnos la historia más allá de las palabras. Cada canción en los interludios, cada irrupción del narrador hípico, es una metáfora de lo que ocurre en aquel bar, donde el reflector puede convertirse en un televisor y sumergirte en una carrera donde los protagonistas se juegan la vida.
Los ciclos se cierran, y tras una buena recepción tanto del público como de la crítica, Comegato presentará este 11 y 12 de noviembre sus últimas funciones. Aunque en un principio se consideró alargar su vida con algunas presentaciones en la Casa del Artista, nuevos proyectos llaman a Barazarte de regreso al festival organizado por el Teatro Trasnocho. 
Hasta entonces, tocará asistir a la recta final de esta obra y brindar una última cerveza, cortesía de la casa.

Comegato estará hasta el 12 de noviembre en la sala La Viga del CCCh.

jueves, 2 de febrero de 2017

El Cantante


Suena el pitido que anuncia el cierre de puertas del tren. Con una lentitud que ya se ha hecho emblema de la línea 2 del metro, las ruedas se mueven como pidiendo perdón. Adentro, la gente entra en una somnolencia que casi consume el alma. Algunos optan por conversar con el del asiento de al lado. "Ayer conseguí pasta en el Madeirense" presume una señora con orgullo, pues conseguir los productos más básicos se ha convertido en una epopeya homérica que merece ser contada. 
Una ventaja de quedarse en una estación terminal, es la capacidad de ver cómo el vagón va vaciándose con el paso de cada estación hasta el milagroso- y ciertamente inusual- momento de poder sentarse sin culpa aunque sea por un breve instante. A pesar de los asientos vacíos, hay una figura que permanece de pie en el centro del pasillo. "Ya va a empezar este a pedir" seguro piensan algunos, o esperan el momento en que saque de la bolsa de plástico bajo su brazo alguna chupeta o chuchería para vender. Sin embargo, sólo saca una botella de agua para beber, y es que para la gran mayoría de los usuarios regulares él ya es un personaje conocido.
Tenía tiempo sin presentarse por esos lares, por lo menos desde que despegó su carrera musical tras aparecer en un reconocido show de talentos imitando prolijamente a un ícono de la salsa. Por aquel entonces, era todo un personaje que amenizaba los viajes largos con sus lentes de sol y el cabello peinado hacia atrás. Hasta remataba el acto con un micrófono y una cornetica que ya no se daba abasto para la acústica, y más de una vez, hizo a los usuarios chocar las palmas al ritmo de sus más sonadas canciones.
Pero esta vez no tenía el micro, y estaba fuera de su personaje.
Ya no canta salsa brava. Con una parsimonia de voz y movimientos que asemejan al tren, un Lamento Bolivariano de Reynado Armas suena como una meditación personal en un tono, ya no de su característica energía, sino más melancólica, como de Felipe Pirela. Su canción hace a los presentes regresar a tiempos lejanos, idealizados tras la necesidad de afrontar el pesimismo de esta resaca petrolera.
"Yo no lo puedo admitir, que sigan robando, humillando, y hasta matando... ¿Qué dirá el Libertador?" canta el ahora trágico cantante mientras las caras largas se dejan ver en cada asiento, como una resignación colectiva a una realidad que cada vez oprime con más fuerza y un destino cada vez más incierto. El cantante va caminando, tomando agua, visiblemente más delgado de lo que se le puede recordar a pesar de aún mantener el mismo peinado hacia atrás y los rasgos faciales que evocan su personaje. Después de un tiempo desaparecido donde se habló de su efímero éxito en la televisión, su carrera cantando en fiestas privadas y hasta rumores de un disco que nunca se vio por ahí, esa tarde vuelve como en el reencuentro de un viejo grupo de rock, justo al escenario que lo vio nacer como artista, donde cosechó sus primeros fans y ganó su fama. 
Sigue su canción crítica, que no deja de saber a profunda tristeza en cada melodía. Al terminar, unas 5 o 7 personas le aplauden. Los otros, aún demasiado abstraídos en sus propios mundos de problemas cotidianos. El cantante, sin sonreír, pasa recogiendo los billetes de 20 y de 5 que le van dejando aunque no falta el ocasional caritativo que le tiende uno 100 con la esperanza de deshacerse de él antes de que termine de descontinuarse definitivamente.
No se sabe si ese acto fue un hecho aislado o si habrá sido un resurgimiento de su profesión como artista de metro -sin dudas, mucho más rentable económicamente que la de muchos artistas de estudio-  pero aquella tarde el personaje del salsero alegre y carismático de El Cantante prefirió cantar una melancólica llanera que sintonizó perfecto con todas las notas de esta sinfonía desafinada y discordante que se ha vuelto el país y el sentir de su gente, que ve como sus gobernantes se estancan en revivir las antiguas gestas independentistas cuando la verdadera batalla de hoy es contra la escasez, la violencia y la apatía.
El tren por fin llega al andén y antes de abrir la puerta, el cantante se pone a tararear las gaitas que suenan de ambiente a pesar de ya ser febrero. Quizás algún día vuelva a ponerse los lentes de sol y con la cornetica vieja, haga a todos aplaudirle como si su lamento de aquella tarde hubiera sido sólo una nota solitaria que quedó olvidada en una estación pasada.