Comienza un día más de tu vida. Otro esfuerzo sobrehumano por estirar el brazo hasta la mesita de noche y apagar la alarma del despertador. Otra ducha caliente para despejar los últimos remansos de sueño que se te quedaron pegados al levantarte de la cama y otro desayuno servido para que no te falte energía durante la jornada. Sales nuevamente como todos los días a enfrentarte con la monotonía de la rutina, contra una realidad cada vez más adversa y complicada, pues aunque jamás te dijeron que la vida fuera fácil, tampoco que podía tornarse a veces tan gris y aburrida. Tomas el metro a la hora de siempre para dirigirte a tu destino, pero como en esta ciudad de improvistos ninguna precaución es suficiente contra lo impredecible, un retraso estanca al tren por tiempo indefinido en el andén.
Entre refunfuños y regañadientes maldices tu suerte sin saber bien si es por llegar tarde otra vez o por haberte dejado los audífonos en la casa, derrumbando la única barrera que tenías para aislarte en este vagón lleno de gente. Es entonces cuando sin más remedio, decides buscar otra cosa con qué entretener la mente y sin darte cuenta, lentamente comienzas a sumergirte en un espiral introspectivo donde tu cerebro se enfrasca en la acción contemplativa de usar la magia de la imaginación para soñar con otros mundos no muy lejanos del nuestro.
Imagina de pronto en todas las posibilidades que hay contenidas dentro de lo imposible. Imagina cómo se esfuma la realidad, y el tiempo y el espacio se vuelven tan sólo un punto de vista subjetivo. Imagina que la ilusiones son verdaderas y que puedes ver colores que aún no se han descubierto y escuchar canciones que aún no han sido compuestas. Imagina que la ficción invade la cotidianidad y no hay limitaciones.
Imagina a Blancanieves vendiendo manzanas en el mercado de Quinta Crespo y a los siete enanos postulándose a diputados en la Asamblea. Imagina a Alicia pintando de rojo las rosas blancas de Galipán y que por primera vez es electa Presidente Caperucita y no el lobo.
Imagina que el final del universo no es la última frontera, que las estrellas caen como una lluvia de cometas y que vuelas aviones de papel bajo el océano. Imagina a Picasso y a Dalí pintando la Capilla Sixtina, mientras Da Vinci y Miguel Ángel firman autógrafos en el Café de algún bulevar parisino.
Imagina que el dinero sí crece en los árboles, pero sólo sirve para fabricar cartas y libros. Que el templo más importante de la ciudad es un recinto universitario; y que en las bibliotecas la gente hace fila para consumir sus luces de primera necesidad.
Imagina a Vargas y a Miranda caminando por los jardines de una plaza sin nombre, deteniéndose a admirar la estatua de un ciudadano corriente, y que Bolívar, con su lanza libertadora, cabalga a su fiel Rocinante para rescatar a Manuelita de las garras de un gigante molino de viento.
Imagina que alguien borró todas las fronteras del mapa; que judíos y musulmanes bailan abrazados como hermanos mientras un buen cristiano brinda las cervezas en una taberna alegre de Jerusalén. Imagina que John Lennon ya no es el único soñador, y que canta nuevamente junto a Paul en un eterno campo de fresas.
Imagina que puedes volar papagayos con el niño que alguna vez fuiste, y que este te cuenta todos esos pequeños detalles que ya has olvidado. Imagina que podemos volver a enamorarnos cada vez con la misma intensidad de la primera, y que todos carguemos chalecos antibalas contra las metrallas descarriadas de Cupido. Porque no hay nada peor que un amor ciego cuando se desea amar con todos los sentidos.
Suena finalmente el cierre de las puertas del tren y repentinamente sales del trance hipnótico en que estabas. A tu alrededor, la realidad vuelve a imponerse tan cruda y hostil como siempre. Arrancas y regresas a tu rutina, aunque ahora sintiendo una extraña pero reconfortante paz interior. Tu destino se hace cada vez más cercano y los sueños vívidos que tuviste, cada vez más lejanos en tu memoria; pero en el fondo reconoces el inmenso poder que tiene la imaginación, ¿y quién sabe?, quizás algún día, en otro metro, en otro momento de tu vida, comiences a imaginarte un mundo mejor.
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