Somos polvo de estrellas

Porque somos polvo cósmico de estrellas que colapsaron en su viaje por el universo.

Historia breve de un encuentro memorable

¿Cuántas veces no nos hemos enamorado de un desconocido en la calle? El metro, el autobús y las salas de espera guardan más historias de amores fugaces e imposibles que una novela, y esta, es una de ellas.

¿Está muerto el periodismo tradicional?

El siglo XXI ha traido consigo un auge del periodismo digital a través de las redes sociales. ¿Puede el impreso sobrevivir a esta generación?

El poder de imaginar

Hace algunos semestres tuve la oportunidad de escribir este texto para una tarea de Taller de Redacción. Considero que es perfecto para la resurrección del blog. ¡Esta vez con imagen renovada!

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red son

Superman, junto al pie de manzana, es uno de los mayores iconos de la cultura norteamericana. Difícil imaginarlo en un contexto diferente, pero aquí, abordaremos este cómic que da que hablar.

sábado, 8 de octubre de 2016

El ajedrez de la Guerra Fría: Superman, Red Son



"Imagina que Superman no fuese rojo, blanco y azul... Imagina que fuese sólo rojo..."                                                                                                            - Tom De Santo
Nota: Cualquier potencial spoiler que se pueda escapar al escribir es completamente accidental (¿o no?), por lo que de antemano pido disculpas y vayan con cuidado por estas letras.                                                                                                                                                            Gracias, La Gerencia.


     Corren los años 50 con una sociedad que todavía convulsiona por las secuelas dejadas en la Segunda Guerra Mundial. El avance acelerado de la ciencia, así como diversos conflictos políticos, sociales y raciales moldean al mundo con la forma de un tablero de ajedrez. Son pocos los que permanecen neutrales, pues cada nación toma partido para convertirse en una pieza importante bajo la influencia de uno de los dos colosos que se disputan el domino del planeta. 
   El transcurso de los eventos de la carrera armamentista abre paso a la Guerra Fría y siguen moviéndose las piezas entre dos ideologías por ver quién supera a quién, hasta que un día suena el teléfono en el departamento de la periodista Lois Lane -perdón, Lois Luthor-, con una llamada que cambiará su vida por completo. Con ella, millones de norteamericanos miran incrédulos por sus televisores el anuncio del arma más reciente con la que el Kremlin reafirma la supremacía de la potencia comunista: más rápido que una bala, más poderoso que una locomotora, capaz de cambiar el curso de los ríos y de doblar el metal sólo con sus manos. La era atómica queda eclipsada con la llegada del Hombre de acero.
     Superman, Hijo rojo, es un cómic de 2003 creado por Mark Millar y Dave Johnson para el sello Elseworlds de DC. Los precedentes de la obra se remontan a 1995, cuando Millar se planteó la idea de tomar al mayor icono de la cultura estadounidense, aquel defensor de la verdad, la justicia y el estilo americano, y situarlo en el contexto más impensado para cualquier patriota, uno capaz de hacer temblar de miedo a Ronald Reagan en su cama:  Un Superman fiel a los principios marxistas-leninistas y pupilo del mismísimo Stalin.
        Lo primero que llama la atención al leer este cómic es su estética que inmediatamente te transporta a la mitad del siglo XX. Johnson y Kilian Plunkett supieron imprimir un estilo que recuerda bastante al arte de las propagandas soviéticas -para muestra tenemos la imagen de la cabecera- con portadas visualmente impactantes y atractivas, sumo cuidado de los detalles en cada viñeta donde se pueden apreciar el respeto a todos los elementos característicos de la época como la arquitectura, la tecnología y la forma de vestir, sin mencionar la cantidad impresionante de guiños al universo de Superman y de los cómics de DC en general que te hacen quedar fácilmente embobado viendo por varios minutos una viñeta para cazar referencias - y aún así les aseguro que se quedaran muchas por fuera-.


Imagine, Agente Olsen, si esa nave hubiese caído doce horas antes, sería ciudadano americano...
    
 En el primer número del cómic, llamado "El amanecer del Hijo Rojo", Millar nos introduce fácilmente en contexto desde la propia perspectiva de Superman, lo que a lo  largo de la historia nos brindará una mirada mucho más personal sobre sus motivos y su desarrollo como personaje. Desde las primeras viñetas se nos presentan todos los iconos de su mitología a través de diferentes cambios que dotan a los personajes y cosas de una atmósfera indescriptible.   


      Otro escritor hubiera abordado a este Superman comunista desde una visión más americanista, incluso pintándolo como un villano; pero no es así, Superman sigue siendo el mismo pan de siempre con sus valores fuertemente arraigados, enseñando que los mismos forman parte de su condición natural, principios innatos que van mucho más allá de las ideologías o del lugar donde cayera su nave. Esto se hace bastante presente en una parte que a mi parecer tuvo una fuerte connotación simbólica sobre la bondad del personaje y su vocación de ayudar a los demás, cuando el satélite ruso Sputnik está a punto de estrellarse en Metrópolis y causar una tragedia, llega Superman a salvar el día sin importar que está invadiendo territorio enemigo. 
"No eran mi gente, pero nunca ignoro un grito de ayuda". 
     En contraposición tenemos a Lex Luthor, quien también parece conservar íntegra su personalidad prepotente y maquiavélica, potenciada por una inteligencia sobrehumana que no llegas por completo a saber si te maravilla o te irrita. No obstante, este Luthor es una de mis caracterizaciones favoritas del personaje por todo lo que es capaz de hacer, una mente fría y calculadora sin límites de recursos ni moral, trabajando no al margen de la ley sino con ella, pues en este mundo a EE.UU le conviene tener un sujeto como él de su lado. Es así como mientras Superman en Metrópolis demuestra no ser del todo malo, Luthor comienza la partida de ajedrez como un digno adversario, moviendo primero sus peones con la vista puesta en el Rey. Tampoco conviene quitarle la mirada de encima al líder de la NKVD, Pyotr Roslov (¿el buen Peter Ross?) un ser sombrío con un complejo de bastardo peor que el de un personaje de Juego de Tronos, quien ha tenido que hacer por años el trabajo sucio para escalar en las filas del poder y que de la noche a la mañana se ve opacado por el nuevo consentido del dictador, alguien que le enseña por las malas que el marxismo no es más que una mentira pues "él es la máxima representación de que los hombres no son iguales".
    Importante de resaltar también en la historia es el papel de Lois, cuyo vínculo con Superman parece trascender las barreras del tiempo y del espacio, algo platónico pero interesante de ir viendo es su punto de vista de los acontecimientos. Sin embargo, de las mujeres que pasan por la vida de este kriptoniano, quien resalta es sin dudas Wonder Woman. Siempre he sido fan de ellos como pareja, y frustra verla en la situación de friendzone en la cual cae. Wonder Woman representa la lealtad que nace producto del amor no correspondido, una novela trágica que te deja un sabor amargo ante lo ciego que puede ser un hombre que tiene mil tipos diferentes de visión. 


Batman: Anarquía de negro

     Esta primera parte se empeña bastante en jugar con los supuestos y los "¿Qué hubiera sido si...?", constantemente haciendo guiños al mundo de la continuidad normal en diferentes aspectos como la relación de Lois y Superman, su rivalidad con Luthor o cómo simplemente el pueblo ruso no puede imaginárselo proviniendo de otro lado. En segundo lugar, es resaltante el uso del efecto mariposa y sus consecuencias en eventos futuros dentro de la historia. Cómo el hecho de que su nave cayera 12 horas antes cambió el curso de todo ese universo, o el sutil pero importantísimo punto de inflexión que puede significar entrar volando a Moscú por el norte. Esto nos lleva a un tercer y último punto retratado sobretodo al final de esta entrega y las siguientes: el destino de Superman por su tendencia a querer solucionar los problemas del mundo y los peligros que conlleva su complejo de dios omnipotente. Ya unos años antes la magistral obra Kingdom Come había explorado esta faceta de Superman y que a partir de ahí, reproducida cientos de veces como moraleja del poder sin control y del querer poner la seguridad por encima de la libertad individual, a lo que yo le agregaría, la muestra máxima de que de buenas intenciones está pavimentado el camino al infierno, y que la moral es sólo una perspectiva, pues lo que se cree es lo correcto termina realmente por no serlo.
      Para "El zenit del Hijo Rojo" observamos cómo ha ido avanzando la partida de ajedrez a favor de nuestro héroe proletario quien ahora es líder de la URSS y debe lidiar con el peso de toda una humanidad sobre sus hombros. Junto a Wonder Woman, el mundo se ha ido rindiendo voluntariamente ante el pacto de Varsovia y para 1978, apenas quedan del lado capitalista las piezas de EE.UU y Chile (¿Pinochet?). Vemos a Luthor más obsesionado que nunca por derrotar a Superman, recurriendo a agentes externos como Brainiac u otros villanos clásicos para su cometido. No obstante, todo parece irle bien a Superman, con excepción de la reducción de Stalingrado dentro de una botella por acción de Brainiac, como lo estuvo Kandor en otra línea de tiempo. Es en esta parte donde comienza la peor pesadilla para el mundo perfecto del líder rojo, un terrorista al más puro estilo de V de venganza se encarga de volar edificios públicos por las noches y de sembrar en los habitantes de Moscú el mensaje de la anarquía. ¡Qué más se podía esperar de un Batman ruso! Su triste pasado le da todos los motivos para odiar visceralmente al comunismo y sirve de representación de toda esa disidencia que fue exterminada, torturada y encerrada en campos de concentración durante el régimen de Stalin, algo que llama la atención de cierto calvito al otro lado del charco y nuevas piezas como Roslov o un anillo alienígena encontrado en Rosswell se van agregando para la próxima jugada de Luthor.

No está de más decir que las peleas entre Superman y Batman siempre generan morbo en el lector, sabemos que nos encanta y a los escritores también les fascina a cada rato demostrar la superioridad del hombre sobre el dios con el Batsy dándole una buena putiza al chico de la capa. Esta no es la excepción. 
Así como el nombre indica que esta parte es el zenit del Hijo Rojo en su carrera, es también el zenit de la historia, pues como en todo, Batman deja una fuerte marca sobre la hasta ahora invicta dupla Superman/Wonder Woman, una jugada llena de traiciones, pérdidas y desencantos que cambiará drásticamente la forma de ver el mundo e influirá bastante en el desenlace de esta partida, demostrando que las utopías pueden mermar la libertad.


Jaque mate



     Es mucho y a su vez poco lo que puede decirse de "El Crepúsculo del Hijo Rojo" tercera y última parte del cómic. Aquí los elementos distópicos se hacen mucho más presentes con la consagración de la Unión Sovética Mundial. Estados Unidos tras una fuerte guerra civil queda reducida a 34 estados sumidos en crisis mientras que afuera, un régimen orwelliano rige al mundo. No hay crimen, accidentes, todos tienen trabajo y las expectativas de vida son buenas, pero el costo es altísimo. El sistema de seguridad creado por Superman a través de Brainiac controla cada aspecto de la sociedad como un Gran Hermano... "Ni siquiera llovía si Brainiac no estaba seguro de que todo el mundo llevase paraguas".
     El encuentro con Batman dejó secuelas fuertes en los personajes principales: Diana, desencantada del mundo de fantasías que alguna se pintó desde su friendzone, y Superman, degenerado en un patriarca totalitario, fetichista de convertir a los disidentes de su gobierno en robots sin consciencia vestidos de murciélago, y que comienza a aburrirse del mundo perfecto que ha creado. Pareciera que Luthor con una sola pieza a su favor ya tiene la partida perdida, pero es aquí donde realmente hace su jugada maestra al postularse a la presidencia de los EE.UU y en menos de un año, reconstruir un país y ponerlo de nuevo en la competencia para desbaratar el juego del Hijo Rojo.
        El clímax de la historia va mucho más allá de lo narrable. No quiero caer en spoilers que les echen a perder la emoción de leerlo por ustedes mismos, así que sólo me limitaré a decir que al final el gran ganador de este partido de ajedrez geopolítico es la humanidad misma, que logra avances increíbles respecto a los que se lograron en la vida real y que si bien tiene algunos rasgos demasiados utópicos y hasta disneyficados por su excesiva perfección, la verdad es que agradan a la vista, y la reinterpretación final sobre toda la historia con las palabras finales de Superman en primera persona, y la reconstrucción de los hechos, es algo sencillamente épico que seguro requirió bastante imaginación por parte del autor.
     En fin, este es un cómic sumamente bueno - de mis favoritos- no sólo por la excelente historia que nos cuenta y sus magistrales ilustraciones, sino porque permite analizar un poco la forma que se manejaba el mundo por aquellos días y realizar reflexiones al respecto. La Guerra Fría en mi opinión fue una partida de ajedrez donde EE.UU y la URSS se jugaron el destino del mundo moviendo todas las fichas como mejor les pareció con el fin de servir a sus intereses políticos. Esto se representa a través de Luthor y Superman, ambos personajes grises capaces de cosas tanto buenas como terribles con el fin de demsotrar la supremacía de sus respectas ideologías. Esta competencia fue real, e incluso hoy a casi treinta años de la caída del bloque comunista, las naciones aún juegan su interminable partida de poder usando a países más pequeños como sus peones. Para Superman, lo que hacía era lo correcto, su bondad era innata, pero sus métodos respondían a la forma autoritaria de hacer las cosas en la vieja Rusia de Stalin, por lo que su error, su gran error a lo largo de todas sus versiones y universos, fue no dejar a la humanidad labrarse su propio destino, dejarla caer, gatear y caminar... Romper la burbuja y dejarla ser libre.


¿Por qué no meter al mundo entero en una botella, Superman?

       
                                          

jueves, 15 de septiembre de 2016

Sobre las nuevas seciones

     ¡Saludos, gente! Me encuentro en un relanzamiento (por 2da vez) del blog, esta vez con una nueva imagen y mayor voluntad de escribir. No prometo tanta constancia y periodicidad en las publicaciones, pues por motivos de universidad no siempre tendré el tiempo para hacerlo - sin mencionar que entre investigación previa y redacción también el proceso puede tardar- .
      Sin embargo, estoy decidido a darle vida a este blog, donde tú, querido lector, podrás encontrar una amplia gama de textos que van desde más cuentos y poemas como los que ya he montado antes acá, y también artículos de opinión, crónicas, reseñas de libros, cómics o cualquier otro tema de mi interés, pues a fin de cuentas, es mi pensadero y el reflejo de lo que hay en mi cabeza.
      Como puedes apreciar, he colocado un menú para clasificar los escritos de forma más eficiente y según lo que busques leer, aunque actualmente sólo dos de ellos se encuentren activos y los otros dos aún están en construcción. Cada uno tiene un nombre particular así que procederé a explicar de qué va cada pestaña:

     Letra viva es el segmento con más publicaciones por ahora ya que ahí se encuentran la mayoría de los post antiguos del blog. Aquí encontrarás mis cuentos, historias cortas, poemas y todo el contenido de carácter literario, esa parte de mi que aspira a ser escritor y mi forma de dar a conocer mi arte. Esta será de las partes intelectuales de la página.

    Divagaciones es una de las partes que aún no está activa pues no tiene ningún post publicado (por ahora). Este segmento se dedicará al análisis y a mi opinión sobre diversos temas de interés como política, ciencia, filosofía y actualidad. Aclaro que en ninguno de estos temas soy un erudito ni especialista, pero como futuro periodista, trataré en la medida de lo posible de investigar y documentarme lo mejor que pueda antes de escribir para tener criterios sólidos. Además como digo, se trata de una opinión, es decir, mi perspectiva personal acerca de éstos - la cual está sujeta a cambios y rectificaciones pues soy tan humano como cualquiera- y por ende, lo publicado será básicamente la conclusión a la que he llegado en mis investigaciones aderezado con mis puntos de vista como ser pensante y subjetivo. No pretendo con esto tirármela de intelectual ilustrado, pero siempre me ha gustado hacer este tipo de publicaciones, así que si no te gustan, te invito a tomar dos caminos: el debate racional y respetuoso, o que simplemente calles y te regreses a leer los otros segmentos.

     Por otro lado, Freakzone, es otro beta. aquí perdemos un poco la seriedad y nos vamos con mi otra pasión: el mundo nerd. Soy fanático de los cómics y en este espacio encontrarás reseñas, listas de favoritos, opiniones de series, películas, cosas de ciencia ficción, fantasía, misterio... Vamos, lo que seguro leerían Leonard y Sheldon después de burlarse de mis secciones anteriores. Videojuegos no mucho pues no soy propiamente lo que se llamaría un gamer, pero si estará también bien nutridito de otras cosas de nuestro mundillo. También se encuentra en construcción por el momento, aunque más temprano que tarde estará inaugurándose.

    Finalmente, tenemos la Bitácora. Algo más informal y personal. Aquí publicaré cosas del día a día que vayan surgiendo y no correspondan a las demás secciones: pensamientos, cosas que pasan, e historias para que me conozcan un poco mejor y hacer catarsis escribiendo en estos tiempos y país que vivimos.

    Así que, con esto, espero que se entienda mejor y sea más disfrutable la experiencia dentro de la página. Aspiro a que cada sección tenga su justo grado de reconocimiento y de visitas y los post fluyan cada vez con más naturalidad.

viernes, 9 de septiembre de 2016

El poder de imaginar



     Comienza un día más de tu vida. Otro esfuerzo sobrehumano por estirar el brazo hasta la mesita de noche y apagar la alarma del despertador. Otra ducha caliente para despejar los últimos remansos de sueño que se te quedaron pegados al levantarte de la cama y otro desayuno servido para que no te falte energía durante la jornada. Sales nuevamente como todos los días a enfrentarte con la monotonía de la rutina, contra una realidad cada vez más adversa y complicada, pues aunque jamás te dijeron que la vida fuera fácil, tampoco que podía tornarse a veces tan gris y aburrida. Tomas el metro a la hora de siempre para dirigirte a tu destino, pero como en esta ciudad de improvistos ninguna precaución es suficiente contra lo impredecible, un retraso estanca al tren por tiempo indefinido en el andén.
     Entre refunfuños y regañadientes maldices tu suerte sin saber bien si es por llegar tarde otra vez o por haberte dejado los audífonos en la casa, derrumbando la única barrera que tenías para aislarte en este vagón lleno de gente. Es entonces cuando sin más remedio, decides buscar otra cosa con qué entretener la mente y sin darte cuenta, lentamente comienzas a sumergirte en un espiral introspectivo donde tu cerebro se enfrasca en la acción contemplativa de usar la magia de la imaginación para soñar con otros mundos no muy lejanos del nuestro.
     Imagina de pronto en todas las posibilidades que hay contenidas dentro de lo imposible. Imagina cómo se esfuma la realidad, y el tiempo y el espacio se vuelven tan sólo un punto de vista subjetivo. Imagina que la ilusiones son verdaderas y que puedes ver colores que aún no se han descubierto y escuchar canciones que aún no han sido compuestas. Imagina que la ficción invade la cotidianidad y no hay limitaciones.
     Imagina a Blancanieves vendiendo manzanas en el mercado de Quinta Crespo y a los siete enanos postulándose a diputados en la Asamblea. Imagina a Alicia pintando de rojo las rosas blancas de Galipán y que por primera vez es electa Presidente Caperucita y no el lobo.
       Imagina que el final del universo no es la última frontera, que las estrellas caen como una lluvia de cometas y que vuelas aviones de papel bajo el océano. Imagina a Picasso y a Dalí pintando la Capilla Sixtina, mientras Da Vinci y Miguel Ángel firman autógrafos en el Café de algún bulevar parisino.
       Imagina que el dinero sí crece en los árboles, pero sólo sirve para fabricar cartas y libros. Que el templo más importante de la ciudad es un recinto universitario; y que en las bibliotecas la gente hace fila para consumir sus luces de primera necesidad.
          Imagina a Vargas y a Miranda caminando por los jardines de una plaza sin nombre, deteniéndose a admirar la estatua de un ciudadano corriente, y que Bolívar, con su lanza libertadora, cabalga a su fiel Rocinante para rescatar a Manuelita de las garras de un gigante molino de viento.
     Imagina que alguien borró todas las fronteras del mapa; que judíos y musulmanes bailan abrazados como hermanos mientras un buen cristiano brinda las cervezas en una taberna alegre de Jerusalén. Imagina que John Lennon ya no es el único soñador, y que canta nuevamente junto a Paul en un eterno campo de fresas.
     Imagina que puedes volar papagayos con el niño que alguna vez fuiste, y que este te cuenta todos esos pequeños detalles que ya has olvidado. Imagina que podemos volver a enamorarnos cada vez con la misma intensidad de la primera, y que todos carguemos chalecos antibalas contra las metrallas descarriadas de Cupido. Porque no hay nada peor que un amor ciego cuando se desea amar con todos los sentidos.
       Suena finalmente el cierre de las puertas del tren y repentinamente sales del trance hipnótico en que estabas. A tu alrededor, la realidad vuelve a imponerse tan cruda y hostil como siempre. Arrancas y regresas a tu rutina, aunque ahora sintiendo una extraña pero reconfortante paz interior. Tu destino se hace cada vez más cercano y los sueños vívidos que tuviste, cada vez más lejanos en tu memoria; pero en el fondo reconoces el inmenso poder que tiene la imaginación, ¿y quién sabe?, quizás algún día, en otro metro, en otro momento de tu vida, comiences a imaginarte un mundo mejor.


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domingo, 1 de noviembre de 2015

Ocúltate bajo las sábanas

         


      Era una noche fría y oscura como las otras, de esas en las que cuando eras niño te rehusabas a ir a la cama porque sabías que algo malo podría pasar. En medio de esa noche fría y oscura el pequeño Pablito se resistía con todas sus fuerzas a dormir, presa del pánico que comenzaba a alojarse desde ya en su subconsciente ante la expectativa de otra noche más solo en su habitación.
    Ni los cuentos antes de dormir de papá, ni las promesas de mantener la luz encendida para ahuyentar a los monstruos parecían tranquilizarle, y por el contrario, su padre era quien ya empezaba a perder la paciencia y pronto las negociaciones se tornaron en firmes amenazas de castigarle si no colaboraba y se iba a dormir como, se supone, hacían los niños buenos. Pablito podía tener apenas siete años, pero no era ningún tonto: sabía que en cuanto se hallase profundamente dormido, alguno de sus padres se acercaría a su cuarto y apagaría las luces para después cerrar la puerta y sería entonces cuando ESO haría su aparición en medio de la oscuridad. Ya había ocurrido en varias oportunidades y aunque su intelecto infantil aún no estaba en capacidad de razonar una posible solución para el problema, sabía que debía a toda costa evitar dormirse solo esa noche. Sin embargo, sus esfuerzos fueron en vano pues por más que lloró, hizo berrinches y rezongó, al final fue la oportuna intervención de mamá la que hizo, en medio de un canciones de cuna y caricias en el cabello, que el  pobre Pablito cediera al peso de su cansancio y sucumbiera ante los brazos de Morfeo.
            Fue cuestión de dos, quizás tres horas para que se cumpliera eso que temía que pasara: Apagadas todas las luces, sus padres se fueron a dormir y la casa entera quedó sumida en un silencio de ultratumba. Los muebles comenzaron a delinear sus contornos lúgubres y macabros casi como animales amenazantes, acechando en cada esquina listos para atacar por la espalda  en cualquier instante; en el cuarto de Pablito, el paisaje no era mucho mejor pues las sombras de los juguetes sobre el suelo se encogían o agrandaban según el capricho de los tenues rayos de luz que entraban por la ventana cuya reja dibujaba la oscura silueta de sus barrotes que se proyectaban sobre la pared, y en medio de la penumbra, esta adquiría un tono grisáceo como el de las películas blanco y negro.
            Un ruido de un vehículo lejano se escapaba turbando la quietud del lugar, que con excepción del sonido monótono de los grillos afuera, era callado, muy, muy callado. Fue entonces cuando Pablito, aún bajo el más profundo sueño, comenzó a presentir mediante su subconsciente despierto, que aquel aterrador acosador de la noche estaba allí en su cuarto. Podía sentir cómo disminuía la temperatura y el aire a su alrededor se hacía cada vez más pesado hasta el punto de presionar sus pulmones y costarle exhalar, él se encontraba como en una especie de estado de parálisis en la cual su mente le jugaba todo tipo de cosas en su cabeza, una de ellas, era una imagen de sí mismo durmiendo en su cama y que veía desde un plano como aéreo. Allí tenía una vista completa de su cuarto y de todo lo que allí ocurría, podía ver como en la esquina más oscura ESO comenzaba a cobrar forma ante sus atónitos ojos, como una energía extraña y maligna se materializaba en aquel rincón estirando sus extremidades cuan tentáculos que finalizaban en manos negras de dedos puntiagudos mientras parecía crecer a un ritmo lento pero continuado.
            Pronto tomó la forma de una figura que aún estando apoyada sobre seis de estas extremidades, era muy alto con las otras cuatro que le quedaban libres; su cuerpo parecía hecho de la oscuridad misma solidificada, y en su cabeza, se suspendía un cráneo con una cornamenta de ciervo en cuyas cuencas de sus ojos vacíos sólo emitía un pequeño y tenue resplandor como el de una lucecita de led roja. El extraño ser permaneció un rato allí en el rincón, observando fijamente la cama donde Pablito también podía verse a sí mismo durmiendo, todo se volvía más frío y pesado, y tras unos segundos increíblemente tensos, dio un paso adelante y comenzó a moverse despacio hacia él, moviendo sus extremidades como un ciempiés.
            Pablito lo veía sin saber qué hacer, quería gritar pero su garganta era incapaz de producir sonido alguno, sólo lo veía venir con su paso arrastrado...
-¡Ey, ey! ¡Despierta!
            Pablito volvió como un relámpago a su cuerpo y abriendo instantáneamente los ojos, comprendió que estaba de nuevo en la realidad. Sólo que ESO seguía allí caminando hacia él. Y era muy real.
- ¡Rápido, ocúltate bajo las sábanas!
            Pablito obedeció e inmediatamente cubrió su cabeza con su cobija. El ser con cuernos de ciervo se detuvo en seco y torció su cabeza confundido como si de pronto Pablito se hubiera hecho invisible. Estaba increíblemente asustado y de sus ojitos aguados corrían dos hilos de lágrimas aunque realizaba grandes esfuerzos por no llorar. Todas las noches desde hacía un mes que ESO llevaba apareciendo en su habitación, siempre en esa esquina, inmóvil viéndolo como una presencia, pero esta era la primera vez que se manifestaba de forma sólida y completa, también era la primera vez que se movía y ahora iba por él.
-¿Qué voy a hacer ahora? – decía Pablito entre sollozos
-  Tranquilo, esto ya ha pasado varias veces antes, solo debes actuar como siempre
- Pero jamás se había movido... ¡Ahora está dando vueltas alrededor de mi cama!
- Bueno sí, debo reconocer que esto es algo bastante inusual...
-¡Quiero a mi mamá!- Pablito abrazaba fuertemente su oso de peluche con la voz quebrada
- Excelente idea, cuando el monstruo se distraiga, salimos corriendo con tus padres, ellos son una buena barrera contra cosas como esa.
            Pablito podía ver a través de la tela de la sábana al monstruo de los cuernos de ciervo dando rondas por la habitación, como a la expectativa de algo que pacientemente esperaba, de vez en cuando daba la espalda a la cama y era entonces cuando Pablito trataba de reunir el coraje suficiente para levantarse y salir corriendo a todo dar. No sabía qué tan rápida era esa cosa, ni si el plan de su amigo funcionaría; debía calcular muy bien cada movimiento, y ser tan veloz como sus cortas piernas le permitieran. Pablito sudaba frío, apretaba su osito contra su pecho conteniendo la respiración cada vez que el monstruo se acercaba a la cama, atento a todos sus movimientos, y fue entonces, en una de las oportunidades en las que se alejó, que escuchó la orden que le exclamaba:
- ¡Hazlo ahora!
            Sin pensarlo, por pura inercia, Pablito se quitó la sábana de encima, bajó de la cama con el salto más largo que pudo realizar, y como una fugaz centella abrió la puerta antes que el monstruo pudiera voltearse y corrió hasta la puerta del cuarto de sus padres que para su suerte, se encontraba justo al frente de la suya. Tocó como un desquiciado hasta que la puerta se abrió y su padre salió a su encuentro alertado por el escándalo aunque todavía un poco soñoliento.
- ¡Hijo! ¿Qué pasó?
- ¡Es él papá! ¡Volvió otra vez y ahora tiene unos cuernos enormes y está caminando por el cuarto!- lloraba el niño ya a lágrima viva, abrazando la pierna de su padre.
            El padre abrió bastante los ojos ante la conmoción tan grande de su hijo, pero luego suspiró profundamente repitiendo lo mismo de cada noche
- Hijo, ya hablamos de esto con el psicólogo, debes aprender que por más feas que sean tus pesadillas, no son reales, sólo viven dentro de tu cabeza.
-¡Pero esta vez es real, papá!-exclamó el niño señalando la puerta de su cuarto
- ¿Te parece si vamos a ver?
- ¡NO!-  suplicaba- ¿Y si todavía está allí?
            El padre trató de calmarlo, y para demostrarle que todo era producto de su imaginación, se dirigió lentamente hacia el cuarto fingiendo precaución, como si quiera tomar al monstruo por sorpresa, y al llegar al umbral de la habitación, encendió la luz entrando con un salto un tanto sobreactuado.
-¡Ajá! – efectivamente, el cuarto se encontraba vacío como era de esperar, ni una sola señal del ser con cuernos de ciervo por ninguna parte.
            Pablito todavía veía con cierto recelo a su alrededor, y su padre se percató de ello pues en seguida se acercó a él y batiendo cariñosamente su cabello, le propuso:
- ¿Te parece si sólo por esta vez, duermes con nosotros hoy?
             Él accedió y nuevamente abrazó a su padre quien para animarlo le cargó y lo llevó a la habitación simulando ser un cohete en el espacio. Ninguno de los dos se dio cuenta cuando apagaron la luz, que ESO jamás se había ido, y estaba parado nuevamente en su rincón, esta vez viendo hacia la puerta.
            Su madre les esperaba despierta en la cama, y al Pablito acostarse a su lado, lo rodeó con sus brazos y nuevamente retomó su trabajo de acariciar uno a uno sus cabellos mientras le cantaba suaves canciones de cuna. Pablito ya se encontraba medio dormido en su regazo, cuando su padre volvió a apagar las luces, miraron juntos a su hijo y luego se dirigieron mutuamente una mirada de preocupación antes de acomodarlo en el medio de la cama y cada uno por su lado, acostarse a dormir.
- Pssst... Pssst...
            Dormía tan plácidamente que ignoró el llamado las primeras 3 veces.
-¡Hey, Pablito, despierta!
            Pablito entreabrió un poco los ojos con pesadez y arrastrando del sueño cada palabra refunfuñó:
- ¿Qué quieres?
- Escucha...
            Agudizó el oído y pudo escuchar el sonido del picaporte de la puerta moviéndose, luego, un imperceptible chirrido en las bisagras abriéndose. En medio de la oscuridad pudo ver dificultosamente asomarse un cuerno dentro de la alcoba, seguido por unos dedos largos, flacos y puntiagudos que penetraban en el espacio y un cráneo cuya luz rojiza en las cuencas de sus ojos se movía rápidamente examinándolo todo y claramente, buscándolo.
-Ya sabes qué hacer, metete bajo la sábana- alcanzó a escuchar Pablito quien nuevamente era presa del miedo, por lo que sin pensarlo mucho obedeció, quedándose allí en posición fetal, abrazando su oso con fuerza. Sintió a su padre moverse un poco y consideró fuertemente la idea de despertarlo, pero en seguida notó que el monstruo no estaba moviéndose, y en cambio, se había quedado allí con medio cuerpo asomado por la puerta, viendo fijamente hacia la cama como en los primeros días de su aparición. Recordó lo que le habían dicho: “los padres son una buena barrera contra cosas como esa”. En cierta forma eso lo tranquilizaba y le hacía sentir más seguro. Tenía a su madre a su derecha y a su padre a la izquierda, rodeándolo como las murallas de un castillo y brindándole toda la protección que necesitaba. Con ellos allí, el monstruo de los cuernos de ciervo ni siquiera podía acercársele, y ya ni siquiera sentía el frío en el aire ni la presión en sus pulmones, pues allí dentro sus padres le daban calor y comodidad. Definitivamente debía haber hecho esto desde la primera vez que apareció, y se habría ahorrado muchas noches en vela por el miedo, incluso quien sabe, quizás ahora el monstruo ahora lo dejaría en paz sabiendo que mientras tuviera a sus padres cerca y una sábana bajo su cabeza, jamás podría tocarlo.
            Sin darse cuenta, había vuelto a quedarse dormido así, con una pequeña sonrisita en su carita y a su oso bajo el brazo. Había ganado, y ESO esa noche no había podido molestarlo.
            A la mañana siguiente, Pablito despertó algo confundido, en parte de tanto haber dormido, y en parte por los rayos de luz que se filtraban indicando que ya estaba bastante avanzada la mañana, eso le extrañaba bastante pues sus padres solían levantarlo bien temprano para ir al colegio y ellos al trabajo, pero por lo que veía también estaban dormidos. Se desperezó y quitándose la sábana de encima vio el nuevo día que entraba por la ventana. La puerta en la que ESO había pasado toda la noche asomado se encontraba entreabierta aunque eso ya no importaba, el sol había salido y Pablito se sentía de muy buen humor por lo que se dio la vuelta para despertar a su mamá y así bajar todos juntos a desayunar, pero su mamá no reaccionaba. Intentó con sacudirla, pero tampoco funcionaba.
-¿Mami? -repetía el niño ya un poco alterado pues estaba fría y algo pesada, cuando en uno de sus sacudones, logró voltearla y al quedar boca arriba, el niño lanzó un grito ahogado cayendo a sus espaldas sobre su padre, cuyo cuerpo en seguida rodó por el borde de la cama para caer sobre el suelo. Ambos estaban blancos y tenían la misma expresión pavorosa con los ojos bien abiertos y la mirada vacía, la misma mueca horrible en la boca que congelaba un último instante de terror tan repentino, que ni siquiera les dio tiempo de gritar y se quedaron a media reacción. Estaban tan tiesos como muñecos e incluso unas pocas venas azuladas se divisaban cerca de sus sienes. 
     Sólo alcanzó a escucharse un grito agudo y desgarrador que alertó a todos los vecinos. Lo encontraron aún en la cama, escondido bajo la sábana abrazando una almohada pues ya no encontraba a su oso de peluche; jamás volvió a decir una sola palabra, pero cada noche recordaba entre gritos y sudor frío al monstruo de los cuernos de ciervo acechándolo en sus pesadillas, por más que nunca volvió a dormir sin una luz encendida.
            Era una noche oscura y de tormenta, y sobre una cama llena de calcomanías, Laurita dormía tranquilamente a pesar de los ruidos extraños que producía la lluvia al golpear la ventana y la madera al crujir por toda la casa, el aire alrededor de ella se tornaba frío y pesado al punto que su asma se disparaba un poco y le costaba algo respirar. Bajo su brazo una muñeca de trapo ve la sombra que comienza a formarse lentamente en un rincón oscuro, con unos ojos rojos como leds que se dirigen fijamente hacia ellas.
- Laura, ¡Ey!, Laura...
-¿Qué, qué pasa?
- No quiero asustarte, pero necesito rápidamente que te ocultes bajo las sábanas...


FIN.


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lunes, 21 de abril de 2014

Tierra de todos, Tierra de nadie...

    Escribí esto durante los años en los que estudié Biología -jamás concluida- en la UCV. Escondido entre sus edificios hay un paraje donde, en mi caso, me servía para sentarme a olvidar mis problemas y poner las cosas en orden en mi cabeza. Es uno de los rincones que me hace amar esta alma máter, y recordar el orgullo que significaba ser ucvista. Aquí lo comparto con ustedes:



    Sentado en la grama pensando, recostado en uno de los viejos árboles donde antes otros escritores más grandes e ilustres se han sentado.
    Al fondo, suenan sirenas y cornetas que me recuerdan el bullicio que afuera hace en esta caótica ciudad caraqueña, pero donde estoy, todo ese pandemonium urbano suena ajeno y lejano.
   Aquí se escucha al viento que sopla y hace danzar las hojas, mientras las aves hacen un coro disonante y disperso que armoniza con el compás de los árboles. Donde estoy, la naturaleza no lucha contra el concreto, sino que ambos han encontrado la perfecta comunión de un pacto de tregua; donde las palmeras son refugio de las guacamayas viajeras, y el césped sirve de lecho para que los jóvenes amantes encuentren pasión entre clases. Y en los árboles, fieles guardianes del campus, son protectores de estatuas olvidadas confidentes de tantos secretos como historias de cualquier parque. Los árboles también han sido sombra y soporte de los pensadores de todas las ciencias y las artes, construyendo bajo ellos la historia, buscando luz de inspiración o de reflexiones.
   Donde estoy, caen hojas amarillas y ocres por las tardes, amigos juegan al frisbee con destreza mientras un joven salta un desnivel con su patineta, y una chica ahogada entre apuntes estudia para sus parciales.
    Donde estoy, una araña camina inquieta sobre esta página, y a mi lado una hilera de hormigas hacen su marcha marcial a paso fino antes de perderse en un hueco en la tierra.
    Donde estoy, el reloj impone el paso del tiempo sobre el destartalado edificio donde se encuentra nuestro rectorado y a lo lejos, la gran biblioteca brilla con los ventanales abiertos de su balcón y las baldosas caídas de su cuerpo coloso negro y rojo. Un suave susurro de música llega desde la plaza cubierta, donde Villanueva camina con Vargas entre el pastor de las nubes, nubes que como las de Calder animan la danza de los recién graduados.
     Este lugar fue mi amigo, aún cuando apenas daba mis primeros pasos por estos pasillos, sintiéndome extranjero, me enseñó que acá se encuentra mi verdadera casa. Desprecio al motorizado que perturba con su maquinaria ruidosa la paz de este templo sagrado y al vándalo que pretende imponer a la fuerza en las paredes, los debates que no ganaría con las palabras; pero la voluntad del ucvista es fuerte y  entre el verde y gris de esta tierra brillarán por siempre todos los colores del pensamiento.
     Aquí donde estoy sentado, esperaba encontrar en un suspiro una musa con la cual escribir, buscando aquí que las letras no se escribieran solas, sino que fluyeran como a un poeta le fluyen los versos; en lugar de eso, terminé escribiendo sobre este pequeño paraíso escondido entre plazas y facultades, dando cordura al silencio de las calles que nunca callan. Terminé escribiendo sobre esta tierra de mi alma máter; esta tierra del árbol y del estudiante, del pasto y de los enamorados; de la guacháraca y de la guacamaya; del escritor, del perro, de las hojas y de la araña.
    De esta tierra de todos...
    De esta Tierra de nadie.
Dr. Cuervo (08-05-2013)